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Papel de las fibras en la alimentacion.

"Las dietas ricas en vegetales y frutas favorecen evacuaciones intestinales normales y evitan muchas enfermedades relacionadas con la constipación". Es muy frecuente que haya escuchado o leído estas afirmaciones e inmediatamente se haya puesto a pensar qué sustancia de este tipo de alimentos poseía estas propiedades, claramente beneficiosas.
Desde hace más de 30 años se ha determinado fehacientemente que se trata de la fibra, un componente presente en todos los vegetales.

La naturaleza de la fibra y la fibra en la naturaleza
Con el nombre de fibra se conoce a una serie de compuestos químicos contenidos en todos los vegetales y que no puede ser digerido en forma completa por el ser humano, a diferencia de lo que acontece en los animales herbívoros. Bajo este nombre se incluyen una serie de variedades distintas de compuestos, la mayoría derivados de hidratos de carbono, que poseen como los integrantes de una familia, características comunes a todos ellos y propiedades físicas diferentes (solubles o insolubles).
Pero no sólo los vegetales (hortalizas y verduras de hoja) y las frutas frescas poseen fibra. También encontramos este elemento en los cereales integrales (arroz integral, por ejemplo), en las cubiertas de estos vegetales (salvado de trigo o de avena) y, en las legumbres y frutas secas o desecadas.
De más está decir que si encontramos fibra en los vegetales, frutas y cereales enteros (con sus cubiertas o cáscaras), también lo podemos hacer en aquellas preparaciones alimentos o platos elaborados en base a estos alimentos. Así, poseen fibra los productos de panificación (pan y galletitas) elaborados con granos enteros o harina integral, los postres frutales, los encurtidos o pickles en vinagre, las compotas de frutas y las tortillas de vegetales, por ejemplo.

El funcionamiento de la fibra
Por sus características de indigestibilidad (falta de digestión o transformación en sustancias que pueden ser incorporadas al organismo), la fibra ejerce acciones importantes en el interior del intestino. A estas cuestiones digestivas se le suman las provenientes de algunas de sus características físicas, presentes en algunas variedades de fibra. Por ejemplo, la incorporación de agua, formando gelatinas dentro del intestino y la fijación o atrapamiento de grasa y de colesterol, impidiendo su absorción y favoreciendo, por lo tanto, su excreción por la materia fecal.
En todos los casos, por sus características de volumen ocupan un espacio importante del estómago, lo que hace que la llegada del alimento al intestino se demore y la digestión se haga más lenta. Esa sensación de distensión o hinchazón del estómago, asociado con el retardo en el vaciamiento estomacal llevan a la persona que las consume en cantidades importantes, a reducir sus ingestas por experimentar saciedad. Por este motivo, se utilizan en dietas para reducir el peso, ya que actúan promoviendo un menor consumo de grasa y de comidas ricas en calorías.
Al llegar al intestino grueso o colon, esa fibra que no fuera transformada e incorporada al organismo en el intestino delgado, genera materia fecal más abundante, lo cual estimula los movimientos de contracción y dilatación de esta porción del intestino (tránsito intestinal). La mayor actividad motora del intestino promueve la evacuación frecuente de materia fecal, que generalmente es blanda, no ocasiona dolor al defecar, ni obliga a grandes esfuerzos evacuatorios. A través del logro de una evacuación rápida de los "desechos", que no se demoran en el intestino, la fibra ejercería un papel protector frente a ciertas enfermedades crónicas que aquejan sobre todo a persona de mediana edad y adultos mayores o ancianos

La importancia del consumo de fibra
Las circunstancias ya mencionadas han llevado a que diversas entidades científicas relacionadas con la Nutrición y con la Gastroenterología propugnen el consumo habitual de fibra, en cantidades que estiman entre 20 y 30 gramos diarios.
Digamos que la mayoría de los países industrializados, por el elevado consumo de alimentos elaborados, ingiere no más de 10 gramos día, por lo cual los esfuerzos para cambiar hábitos son, aunque muy necesarios, bastante arduos.
En muchas ocasiones, el médico además de los cambios en la dieta, considera el uso de fibra como suplementos farmacéuticos. Es decir, el empleo de productos elaborados con fibra, muchos de ellos sin azúcar y preparados en formas que permiten su consumo sin inconvenientes. Aunque nada reemplaza los beneficios de una alimentación completa y equilibrada, estos productos son de suma utilidad y sus beneficios han sido ampliamente comprobados a lo largo de los años.

Cigarrillo y daños para la salud: cifras

En la actualidad ha cobrado vigencia una vieja polémica: prohibir o no prohibir el acto de fumar, particularmente en lugares públicos en los que aún se permite hacerlo.

Se esgrimen razones de libertad individual, de no intromisión del Estado en cuestiones de índole absolutamente privada, como es el hecho de experimentar una práctica, que incluso cuenta con el reconocimiento público como una de las formas de placer que tiene el ser humano, inmortalizada por un reconocido tango.

Lo cierto que más allá de la libertad que cada persona tiene de llevar a cabo actos que pueden o no afectar su salud, en su propia casa y bajo su entera responsabilidad, el acto de fumar en lugares públicos, es decir, compartidos por otras personas, implica someter a esas personas a la exposición involuntaria al humo del tabaco.

Repetidamente se ha señalado el papel nocivo del tabaquismo pasivo (Tabaquismo pasivo en América Latina. Tabaquismo pasivo. Tabaquismo pasivo Parte 2). Por este motivo, se comprende la intención de preservar a personas que no desean exponerse a este contacto desfavorable para la salud, al humo de cigarrillos fumados por otros congéneres.

Es cierto que la prohibición es algo que irrita a todos (no sólo a los más jóvenes), pero la falta de existencia de normativas generales puede generar situaciones de roces y de conflictos personales por la falta de aceptación del fumador acerca de la necesidad de que su prójimo no fume a la par suya. Un párrafo aparte lo constituye la situación de menores o personas discapacitadas que se ven obligados a compartir ambientes con humo de tabaco, por estar imposibilitados de hacer valer su derecho.

Los efectos del tabaco en cifras
Recientemente, un grupo de expertos reunidos en el V Congreso Español del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, señalaron que más de 70.000 estudios científicos y múltiples informes elaborados por instituciones sanitarias de todo el mundo demuestran a las claras el potencial nocivo del tabaco sobre la salud humana. De esta forma, esos números transforman al carácter nocivo del tabaco como la evidencia médica más contundente a lo largo de la historia de la medicina.

Estas investigaciones han demostrado incuestionablemente, como lo señala el neumonólogo Dr. Miguel Barrueco, del Hospital Universitario de Salamanca (España), la vinculación entre monóxido de carbono propio de la combustión con afecciones cardiovasculares, de la adicción provocada por la nicotina y de las enfermedades que limitan la calidad de vida (como es el caso de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica) o que la ponen en riesgo muy grave (como es el caso del cáncer de pulmón, de las vías aéreas, del estómago y de la vejiga).

De este modo, el especialista español remarca que el consumo de tabaco debe ser considerado como la primera causa de muerte prevenible en los países desarrollados y, probablemente, en el resto del mundo.

Las estadísticas demuestran que el tabaquismo mata anualmente a 4 millones de individuos de todo el mundo. En el caso de España, país al que nos ligan lazos no sólo de sangre sino de costumbres, hábitos e idiosincrasia, se calcula que a lo largo de 1992 se registraron 46.226 decesos relacionados al uso de cigarrillo. Estas cifras ascendieron a 55.613 durante 1998 y registraron cifras de 60.000 fallecimientos relacionados al acto de fumar, en el 2004 que recientemente finalizó. Las cifras de 60.000 muertes al año corresponden a 1.154 decesos por semana, 328 cada fin de semana, 164 cada día y 7 por hora.

Por otra parte, 60.000 defunciones corresponden al 16% del total de muertes anuales en personas mayores de 65 años.

Las cifras hablan de muertes, es decir, de casos para los cuales no existen reparaciones posibles. Pero a ello deberíamos sumar la cantidad de personas que enferman gravemente con padecimientos cardiocirculatorios (recordemos que el cigarrillo "cierra" las arterias con cada pitada), de fibrosis del aparato respiratorio, y de afecciones neoplásicas, que transforman a personas jóvenes en individuos enfermos, discapacitados para muchas tareas y víctimas de un flagelo sin sentido.

Por este motivo, reflexionemos sobre las decisiones cotidianas que no sólo afectan nuestra integridad y la de nuestra familia, sino las de compañeros de trabajo, coterráneos o de ilustres desconocidos con los cuales nos ha tocado compartir un determinado lugar del planeta, en una determinada dimensión de tiempo. Tenga una actitud solidaria hacia ellos y meditemos sobre nuestra responsabilidad con la vida propia.

La Hipertension y la alimentacion.

Se denomina hipertensión, o tensión arterial alta, a una elevación sostenida de los niveles de la presión sanguínea por encima de valores considerados normales (presión sistólica más de 140 mm Hg, presión diastólica más de 80 mm Hg).).

En su origen, influyen tanto factores personales y ambientales (edad, hábitos alimentarios y estilo de vida) como los genéticos: la tensión arterial tiende a elevarse con la edad, es también más frecuente que aparezca si la persona es obesa, lleva una dieta rica en sal y pobre en potasio (pobre en verduras, frutas y frutos secos, legumbres, cereales integrales), bebe elevadas cantidades de alcohol, no realiza actividad física, o sufre de estrés psicológico.

Prácticamente en el 90 % de los casos la hipertensión es primaria o de causa desconocida y, en menos de un 10 %, secundaria a otros procesos relacionados con alteraciones de origen renal, cardiovascular o del sistema endocrino.
La ciencia médica todavía no entiende por qué ocurren la mayoría de los casos de hipertensión arterial. Sólo se sabe que existen diferentes factores que aumentan el riesgo de hipertensión arterial…

Porqué se tiene Hipertension?

  • La herencia: una persona cuyos padres han tenido hipertensión arterial es más susceptible de desarrollarla.
  • La raza: los negros tienen más posibilidades de desarrollar esta enfermedad que los blancos.
  • Los varones tienen mayor riesgo que las mujeres hasta la edad de 55 años; a partir de esta edad sus riegos se igualan. A partir de los 75 años, las mujeres tienen más posibilidades de desarrollar hipertensión arterial.
  • La edad: la tensión arterial tiende a subir con la edad, y por ello los ancianos tienen más riesgo de desarrollar hipertensión arterial.
  • La sensibilidad a la sal: un consumo excesivo de sal causa hipertensión arterial en algunas personas.
  • La obesidad y el sobrepeso.
  • Consumo excesivo de alcohol.
  • Uso de anticonceptivos orales y otros medicamentos (esteroides anabolizantes, antiinflamatorios no esteroideos, descongestivos nasales, eritropoyetina, etc)
  • Sedentarismo

Desde la Alimentación

En el tratamiento de la hipertensión, son necesarias una dieta adecuada a las necesidades individuales, con control de sodio y una serie de recomendaciones que orienten a la persona hacia un estilo de vida más saludable.

El consumo actual de sal (cloruro sódico) en nuestro país se encuentra por encima de las necesidades reales de este mineral. El exceso de sodio se relaciona con la retención de líquidos en los tejidos del cuerpo y por tanto, con el incremento de los valores de tensión. Cuanto menos sodio contenga la dieta, más fácil será eliminar ese exceso por la orina y así contribuir a normalizar los niveles de tensión arterial. La dieta pobre en sodio, también beneficia a personas que padecen de enfermedad cardiovascular o hepática avanzada con retención de líquidos.

Por otro lado, la hipertensión se considera factor de riesgo de enfermedad cardiovascular, por lo que las recomendaciones dietéticas también deben incluir orientaciones para la normalización del peso (en caso de sobrepeso u obesidad), control de la calidad de la grasa y del colesterol, así como asegurar una cantidad adecuada de fibra y antioxidantes naturales, relacionados con la prevención de estas enfermedades.

Recomendaciones

Alcanzar o mantener un peso saludable mediante una ingesta adecuada de calorías.

Prescindir de la sal de mesa (normal, marina, yodada) y de la sal en el cocinado de los alimentos.

Reducir el consumo de grasas saturadas y colesterol como factor de prevención cardiovascular:

  • Escoger las carnes más magras y quitar la grasa visible antes de su cocinado: pollo, pavo (sin piel), conejo, caballo, cinta de lomo, ternera magra, solomillo de buey, ternera o cerdo; y desgrasar los caldos de carne o aves en frío.
  • Aumentar el consumo semanal de pescado fresco a unas cuatro raciones.
  • Se permiten de 4 a 6 huevos a la semana (si no existe contraindicación médica).
  • Aliñar los platos con aceites vegetales (oliva, girasol) mejor que con mantequilla o margarina, añadiéndolos a los alimentos después de cocinados para evitar exceso de grasa y colesterol.

El efecto del café en la tensión arterial es escaso y de breve duración por eso no es preciso suprimirlo, aunque se recomienda tomarlo con moderación.

Es importante tomar cantidades adecuadas de calcio. El calcio necesario lo aportan diariamente: 2 vasos de leche ó 1 vaso de leche más 2 yogures, o en su lugar 60 gramos de queso bajo en sodio.

Preparar platos para luego congelarlos, y así no tener que acudir a los precocinados, que en general, son ricos en sodio.

Hoy en día, existen diversos productos en el mercado pobres en grasa, colesterol y sodio (comprobar etiquetado).

Si se come fuera de casa, elegir del menú ensaladas, aves o pescados a la parrilla en lugar de fritos o guisos. Para evitar la adición excesiva de salsas se puede pedir que éstas se sirvan a parte, y uno mismo adicionarla.

Los alimentos y las grasas

En estos últimos tiempos hemos tenido la oportunidad de ver o leer publicidades de productos que señalan como una gran ventaja el hecho de no poseer grasas trans o ácidos grasos trans. Ante esta nueva información sobre las grasas que forman parte de nuestra alimentación muchos pueden, con todo derecho, sentirse algo abrumados. Ya manejábamos bastante bien los conceptos de colesterol “bueno” y “malo”, luego agregaron la necesidad de distinguir entre las grasas saturadas (de origen animal) y las poliinsaturadas (de origen vegetal) y ahora ¿todavía hay más tipos de grasas que debemos conocer?

La información puede parecer excesiva, pero estos conocimientos son accesibles y pueden ser útiles para saber elegir cada vez mejor los alimentos que consumimos. Brevemente señalaremos algunas características y consideraciones básicas de las grasas trans.

Naturaleza y riesgos del empleo de los ácidos grasos trans

Los ácidos grasos trans son un tipo de grasas que surgen a partir de los aceites (grasas líquidas) cuando son elaborados para formar grasas sólidas. Este proceso inducido por la industria alimentaria se denomina hidrogenación de grasas y es el que, por ejemplo, da lugar a la elaboración de la mayoría de las margarinas de origen vegetal.
En términos generales, se comprueba que las grasas trans producen elevación sanguínea del colesterol –LDL (el colesterol “malo”, que es uno de los responsables del proceso de aterosclerosis). Desde hace un tiempo, diversos estudios establecieron una relación entre el grado de consumo de grasas trans y el riesgo de afecciones cardiovasculares. Incluso, algunas publicaciones sostienen que su grado de peligrosidad es superior al de las grasas saturadas.

Contenido de grasas trans en los alimentos

Las fuentes más comunes de grasas trans son las margarinas sólidas (hidrogenadas), las galletitas, tortas y productos de copetín (snacks). También constituyen fuentes de grasas trans algunos alimentos que se fríen en aceites hidrogenados, como muchos de los productos empanados precocidos y congelados (pollo, pescado, papas fritas, etc.).
Aunque los primeros rotulados alimentarios (etiqueta de composición) no hacían constar la presencia de esta variedad de grasas, en la actualidad son muchos los países que promueven su indicación. Desde el punto de vista comercial, los productos que no lo contienen o los han sustituido por otros agentes también hacen constar en su envasado la ausencia de ácidos grados trans.

Es conveniente recordar 2 cosas:

– No siempre en el rotulado figura la leyenda grasas trans; en ocasiones figuran como ingredientes los aceites hidrogenados (que son prácticamente lo mismo).
– el hecho de que un producto no contenga grasas trans no lo convierte automáticamente en un producto saludable.

Medidas para limitar la ingesta de grasas trans

– Controlar las etiquetas de los productos alimenticios. Esta recomendación es válida no sólo para detectar la presencia (y la cantidad) de grasas trans sino también para constatar el contenido de sodio, azúcar, calorías y grasas totales.
– Limitar el consumo de alimentos que no tienen rotulado de composición pero de los que se conoce que contienen una elevada proporción de grasas.
– Limitar los snacks con alto contenido de grasas. Suelen ser lo que se conoce como productos de copetín, que se encuentran en todos los kioscos de golosinas.
– Tratar de reducir el consumo de grasas saturadas y recurrir al uso de aceites como el de oliva o canola, que contienen una buena proporción de ácidos grasos monoinsaturados. Se trata de un tipo de grasa muy conveniente, que es uno de los pilares de la denominada dieta mediterránea.
– Optar por métodos de cocción que no lleven cuerpos grasos: hervido, vapor, horneado.
– Reemplazar los aderezos comerciales (que contienen grasas) por jugo de limón, vinagre, hierbas o especies.

Como vemos, el panorama del conocimiento sobre los alimentos y sus efectos sobre al salud se amplía día a día. Del mismo modo, es conveniente tener una idea básica de estos nuevos avances y de su aplicación cotidiana.