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Que la ira no afecte su corazón

  • Investigadores afirman que los ataques de ira podrían aumentar probabilidades de sufrir un ataque cardiaco o accidente cerebrovascular.
Momentos en los que pierde la cabeza, el control, en donde quiere acabar con todo, pueden generarle serios problemas de salud. Investigadores de la Revista Europea del Corazón afirman que los ataques de ira podrían aumentar las probabilidades de sufrir un ataque cardiaco o accidente cerebrovascular. Una situación que se explica porque el enojo está asociado con un aumento en la respuesta del sistema nervioso del cuerpo ante el estrés, produciendo al tiempo un aumento de la frecuencia cardiaca y presión arterial.

Según los investigadores, tras un momento de ira una persona tiene un riesgo cinco veces más alto de sufrir de ataques cardiacos y cuatro veces más alto un riesgo de accidente cerebrovascular. Es de aclarar que este riesgo está ligado a la frecuencia del ataque de ira y problemas cardiacos previos.

Si es de los que se enoja a menudo, por lo menos cinco veces al día, esto lo llevaría aproximadamente a 158 ataques cardiacos adicionales por cada 10.000 personas al año, y a 657 ataques cardiacos si tiene a su vez riesgo de problemas cardiacos.

Finalmente, el estudio dice que no necesariamente el enojo provoque ataques, solo que hay una asociación entre ellos. Por eso lo mejor es relajarse, contar hasta tres y respirar.


Fuente: cmi.com.co

Cómo vivir mejor con artrosis

  • La artrosis afecta a cerca de siete millones de españoles y es la enfermedad articular más frecuente. Aunque el trastorno puede afectar a cualquier articulación, las más habituales son las de manos, rodillas, caderas y columna vertebral.
La enfermedad consiste en un 'desgaste' del cartílago articular que puede ser progresivo y, aunque su frecuencia aumenta con la edad, no es exclusiva de los mayores y puede presentarse en cualquier edad. Según datos de la Sociedad Española de Reumatología (SER), en España la artrosis afecta al 10% de la población general, representando casi la cuarta parte del total de pacientes atendidos en las consultas de los reumatólogos.

Según señala el estudio EPISER de la SER, la artrosis sintomática de rodilla tiene una prevalencia puntual del 10,2% y la artrosis de mano del 6,2%. Alrededor de la mitad de la población adulta de más de 50 años muestra signos radiológicos de artrosis de rodilla aunque es más frecuente en mujeres sobre todo a partir de 55 años.

Reproducimos en Infosalus el catálogo de la Sociedad Española de Reumatología de 10 recomendaciones para las personas que viven con artrosis. Según explican sus autores, estos consejos tienen por objetivo dar a conocer mejor la enfermedad y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

1. Mantenga un peso corporal correcto

La obesidad es una de las causas de la enfermedad y además hace que ésta progrese más rápidamente. Si está obeso o con sobrepeso, inicie algún programa dietético que le haga adelgazar, su médico puede ayudarle en este aspecto. No son necesarias dietas especiales, ni existen alimentos completamente prohibidos en esta enfermedad. Una dieta baja en calorías es suficiente

2. Calor y frío

En general, el calor es más beneficioso en la artrosis. Se puede aplicar de forma casera, con la esterilla eléctrica o la bolsa de agua caliente colocadas sobre la articulación dolorosa. Alivian el dolor y relajan la musculatura. En ocasiones, la articulación con artrosis puede tener un intenso brote inflamatorio y, en esas ocasiones, es útil aplicar frío local mediante bolsas de hielo o baños fríos.

3. Medicación

Existen analgésicos, antiinflamatorios, geles y cremas, infiltraciones locales y fármacos que pueden evitar la progresión de la artrosis. Sin embargo, debe ser su médico o reumatólogo el que decida, en cada momento de la evolución, cuál es el adecuado. No se automedique. Las terapias llamadas alternativas, como acupuntura, osteopatía o hierbas, no han demostrado su eficacia científicamente, pero si desea emplearlas consulte antes a su médico.

4. Hábitos posturales

Duerma en cama plana. Evite sentarse en sillones o sofás hundidos y use sillas con respaldo recto, donde sus caderas y rodillas mantengan una posición natural y sus pies estén en contacto con el suelo.

5. Ejercicio

El ejercicio protege la articulación y aumenta la fuerza de nuestros músculos. Disminuir al máximo la movilidad hace que la persona con artrosis se convierta en dependiente de los demás. Es bueno caminar, ir en bicicleta y practicar la natación, pero los deportes de contacto o de gran sobrecarga física son menos recomendables. Existen también ejercicios específicos para cada articulación afectada por la enfermedad, por lo que puede pedir consejo sobre ellos a su médico o reumatólogo y practicarlos a diario.

6. Reposo
No es contradictorio con el punto anterior. La artrosis es una enfermedad que cursa con periodos intermitentes de dolor y durante las fases con mayor dolor el reposo relativo es beneficioso. También es bueno intercalar pequeños periodos de reposo durante las actividades de la vida diaria.

7. Evite sobrecargar las articulaciones

No coja pesos excesivos, procure no caminar por terrenos irregulares y no estar de pie excesivamente sin descansar. Use un carrito para llevar las compras. Si padece artrosis de rodilla o cadera, el empleo de un bastón para caminar disminuye la sobrecarga de esas articulaciones

8. Calzado adecuado

Si padece artrosis lumbar, de caderas o de rodillas, debe emplear un calzado de suela gruesa que absorba la fuerza del impacto del pie contra el suelo al caminar. Esto también puede conseguirse con plantillas o taloneras de silicona que se colocan en el zapato. No use zapatos con tacón excesivo. Es preferible emplear zapato plano o con un ligero tacón.

9. Balnearios

Los balnearios aplican aguas mineromedicinales, generalmente termales, para el tratamiento de la artrosis. Con ello consiguen mejorar el dolor y relajar la musculatura con contracturas. Los llamados centros SPA (salud por el agua) realizan tratamientos estéticos y de relax mediante el uso de agua que, sin embargo, no tiene características mineromedicinales como la de los balnearios. Ambas formas pueden ser útiles en la artrosis.

10. Mantenga una actitud positiva


La artrosis, a pesar de todo, permite mantener una vida personal y familiar completa, con muy escasas limitaciones. En los casos más avanzados y de peor evolución, existen tratamientos quirúrgicos que pueden solucionar el problema. La artrosis en sí no afecta la vida y los progresos en su investigación y tratamiento son continuos.


Fuente: Europapress

La OMS recomienda a los adultos reducir el consumo de azúcar al 5% de la ingesta calórica diaria

  • La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha recomendado a los adultos con un índice de masa corporal normal reducir el consumo de azúcar al 5 por ciento de la ingesta calórica diaria, lo que equivale a unos 25 gramos al día. 
Hasta ahora el organismo aconsejaba que el consumo de azucares fuera menor del 10 por ciento del consumo calórico total.

Así lo va a establecer en su nuevo proyecto de directrices sobre la ingesta de azúcares, para el cual ha solicitado a los países miembros que, desde este miércoles y hasta el 31 de marzo, presenten observaciones acerca del mismo, las cuales tienen que ir acompañadas por una declaración de intereses.

En concreto, los límites de ingesta de azúcares que se sugieren en el proyecto de directrices se aplican a todos los monosacáridos (como glucosa y fructosa) y disacáridos (como sacarosa o azúcar de mesa) que son añadidos a los alimentos por los fabricantes, cocineros o consumidores, así como a los azúcares presentes de forma natural en la miel, los jarabes, los jugos de fruta y los concentrados de fruta.



Y es que, según ha avisado la OMS, "gran parte" de los azúcares que se consumen actualmente están "escondidos" en alimentos elaborados que generalmente no se consideran dulces. Por ejemplo, prosigue, una cucharada de 'ketchup' contiene unos 4 gramos de azúcar, y una sola lata de refresco endulzado con azúcar contiene hasta 40 gramos.

Este proyecto se ha elaborado sobre la base de análisis de todos los estudios científicos publicados acerca del consumo de azúcares y de la relación entre ese consumo y, el aumento de peso excesivo y la caries dental en adultos y niños.


Europapress

La dieta rica en proteínas, tan peligrosa como el tabaco

  • Investigadores de la Universidad del Sur de California-Davis, en Estados Unidos, han visto que el consumo de una dieta rica en proteínas de origen animal en la mediana edad provoca cuatro veces más probabilidades de morir por cáncer que una persona con una dieta baja en proteínas, una factor de riesgo de mortalidad comparable a fumar.
Según se desprende del estudio, realizado en una amplia muestra de adultos durante casi dos décadas y publicado en 'Cell Metabolism', la dieta alta en proteínas durante la mediana edad provoca casi el doble de probabilidades de morir y cuatro veces más probabilidades de fallecer por cáncer, pero la ingesta moderada de este tipo de proteínas es buena para las personas una vez superados los 65 años.

"La cuestión no es si una determinada dieta te permite sentirse bien durante tres días, sino si te ayudará a vivir hasta los cien años", subraya el autor del análisis, Valter Longo, profesor de Biogerontología en la Escuela de Gerontología la USC Davis y director del Instituto de Longevidad del mismo centro universitario.

No sólo es el consumo excesivo de proteínas está vinculado a un aumento espectacular de la mortalidad por cáncer, pero la gente de mediana edad que come gran cantidad de proteínas de origen animal, incluyendo la carne, la leche y el queso, también son más susceptibles a una muerte temprana, en general.

Los amantes de la proteína analizados en este trabajo presentaban un 74 por ciento más de probabilidades de morir por cualquier causa durante el periodo de estudio que sus contrapartes que ingerían cantidades más bajas de proteínas. También tenían varias veces más probabilidades de morir de diabetes.

Pero la cantidad de proteína que debemos comer ha sido durante mucho tiempo un tema controvertido. Antes de este estudio, los investigadores nunca habían mostrado una correlación definitiva entre el alto consumo de proteínas y el riesgo de mortalidad.

En lugar de mirar a la edad adulta como una fase monolítica de la vida, como otros científicos han hecho, los autores de este trabajo tuvieron en cuenta cómo la biología cambia con la edad y cómo las decisiones en etapa media de la vida pueden evolucionar durante toda la vida humana.

En otras palabras, lo que es bueno para una persona en una edad puede ser perjudicial en otra etapa de la vida. La proteína controla la hormona de crecimiento IGF-I , que ayuda a nuestro cuerpo a crecer, pero se ha relacionado con susceptibilidad al cáncer. Los niveles de IGF-I disminuyen dramáticamente después de los 65 años, lo que lleva a la fragilidad y la pérdida de músculo.

El estudio muestra que mientras que la ingesta elevada de proteínas durante la mediana edad es muy dañina, resulta protectora para adultos mayores: las personas mayores de 65 años que llevaron una dieta de alto o moderado valor proteico eran menos susceptibles a la enfermedad.

El último documento se basa en investigaciones anteriores de Longo en IGF -I, incluida una en una cohorte ecuatoriana que parecía tener poco cáncer o susceptibilidad a la diabetes debido a una mutación genética que reduce los niveles de IGF-I y cuyos miembros medían menos de cinco pies de altura (1,5 metros).

"La investigación muestra que una dieta baja en proteínas en la mediana edad es útil para la prevención del cáncer y la mortalidad general, a través de un proceso que implica la regulación de IGF -I y, posiblemente, los niveles de insulina --explica la coautora Eileen Crimmins, experta en Gerontología de la USC--. Sin embargo, también proponemos que en edades más avanzadas, puede ser importante evitar una dieta baja en proteínas para permitir el mantenimiento de un peso saludable y la protección contra la fragilidad".

Fundamentalmente, los investigadores encontraron que las proteínas de origen vegetal, como las de la soja, no parecen tener los mismos efectos de mortalidad como las animales. Las tasas de cáncer y muerte tampoco parecen verse afectadas por el control de los hidratos de carbono o el consumo de grasa, lo que sugiere que la proteína animal es el principal culpable.

"La mayoría de los estadounidenses están comiendo unas dos veces más proteínas que las que deberían y parece que el mejor cambio sería reducir la ingesta diaria de todas las proteínas, pero especialmente las proteínas de origen animal", señala Longo. "Pero no se debe extremar el recorte y la separación de las proteínas, puesto que se puede pasar de la protección a la desnutrición muy rápidamente", alerta.
0,8 GRAMOS POR KILOGRAMO DEL CUERPO AL DÍA

Los hallazgos de Longo apoyan las recomendaciones de varias agencias de salud que conducen a consumir alrededor de 0,8 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal cada día en la mediana edad. Por ejemplo, una persona de 130 libras (unos 59 kilogramos) debe comer alrededor de 45 a 50 gramos de proteína al día, con preferencia por los derivados de las plantas, tales como legumbres, detalla Longo.

Los investigadores definen una dieta "rica en proteínas" la que tiene al menos el 20 por ciento de calorías provenientes de proteínas, incluyendo proteínas animales y de origen vegetal. Una dieta "moderada" en proteínas incluye entre un 10 y un 19 por ciento de calorías provenientes de proteínas y una dieta "baja en proteínas" incluye menos de un 10 por ciento de estos nutrientes.

Incluso cantidades moderadas de proteína tuvieron efectos perjudiciales en la mediana edad, según los investigadores. En todos los 6.318 adultos mayores de 50 años en el estudio, la ingesta media de proteínas fue de alrededor del 16 por ciento del total de calorías diarias, con cerca de dos tercios de proteína animal, lo que se corresponde con los datos sobre el consumo nacional de proteínas.

Las personas que consumían una cantidad moderada de proteínas tenían todavía tres veces más probabilidades de morir de cáncer que los que consumieron una dieta baja en proteínas en la mediana edad, según el estudio. En general, incluso un pequeño cambio de disminución de la ingesta de proteínas de niveles moderados a bajos niveles rebajó la probabilidad de muerte prematura en un 21 por ciento.

Para una parte más pequeña seleccionada al azar de la muestra, 2.253 personas, los niveles de la hormona de crecimiento IGF-I fueron analizados directamente. Los resultados muestran que por cada aumento de 10 ng/ml de IGF-I, aquellos con una dieta alta en proteínas presentaban un 9 por ciento más probabilidades de morir de cáncer que aquellos con una dieta baja en proteínas.

Los científicos también ampliaron sus hallazgos sobre las dietas altas en proteínas y el riesgo de mortalidad, mirando a la causalidad en ratones y modelos celulares. En un estudio sobre los tipos de tumor y la progresión entre los ratones, los investigadores muestran menor incidencia de cáncer y el tamaño del tumor promedio un 45 por ciento más pequeño entre los ratones con una dieta baja en proteínas que aquellos con una alta tras dos meses de experimento.


Europapress