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Hacer dos litros de orina al día puede evitar los cálculos renales

  • El Colegio Americano de Médicos asegura que las personas que han sufrido un cálculo renal deben beber mucho líquido o tomar medicamentos diuréticos para producir al menos dos litros de orina al día ya que, según han constatado, reduce significativamente el riesgo de acumular nuevamente piedras en el riñón.
Los cálculos renales son una masa sólida compuesta de pequeños cristales que generalmente suele incluir oxalato de calcio, pero el aporte de líquidos disminuye la concentración de sólidos en la orina y hace más difícil que se formen piedras, según las nuevas recomendaciones de los galenos que publica la revista 'Annals of Internal Medicine'.

Actualmente se estima que más del 10 por ciento de los hombres y el siete por ciento de las mujeres en Estados Unidos desarrollarán un cálculo renal a lo largo de su vida, según un estudio publicado en 2012, y muchos repetirán más adelante, lo que puede ser "muy doloroso y requerir incluso cirugía", ha reconocido Robert Centor, médico internista y autor de dichas recomendaciones.

Para elaborar sus nuevas directrices, Centor y su equipo revisaron los artículos publicados sobre cálculos renales recurrentes entre 1948 y 2014 para formar las nuevas directrices.

De este modo, vieron que beber más líquidos puede servir para prevenir cálculos posteriores sin ocasionar efectos secundarios y aseguran que si eso no funciona, también puede ayudar el uso de diuréticos. Otras opciones incluyen citrato, que se une al calcio en la orina y mantiene la formación de cristales, o un medicamento llamado alopurinol.

No obstante, ha precisado Centor, los pacientes deben optar por las dos primeras opciones antes de recurrir a este último fármaco, que también se utiliza para tratar la gota, ya que puede causar somnolencia, diarrea y dolor de estómago.

Para llegar a dos litros de orina, reconocen los expertos, es probable que la persona deba beber más de dos litros de líquido pero dependerá de la temperatura exterior y de la actividad física de cada individuo. "Puede que tenga que beber hasta tres litros en un día caluroso", ha admitido Centor.

Del mismo modo, los médicos avisan de que la ingesta de sodio puede estar relacionada con cálculos renales recurrentes y recuerdan que también es aconsejable reducir la ingesta de bebidas azucaradas oscuras, ya que incluyen ácido fosfórico que hace que la orina sea más ácida. En cambio, los refrescos cítricos claros, hechos con citrato, sí pueden servir para prevenirlos.

Fuente: infosalus

La metformina supera a otros fármacos para la diabetes tipo 2 durante el primer tratamiento, según un estudio

  • Los investigadores encuentran que este medicamento de uso común controla el azúcar en sangre de muchas personas.
Las personas recién diagnosticadas con diabetes tipo 2 que inicialmente reciben el fármaco metformina son menos propensas a necesitar con el tiempo otros fármacos para controlar el azúcar en sangre, sugiere un nuevo estudio.

El estudio encontró que, de los que comenzaron con la metformina, apenas alrededor de una cuarta parte necesitaron otro fármaco para controlar el azúcar en sangre. Pero las personas que comenzaron con medicamentos para la diabetes tipo 2 que no eran metformina con frecuencia necesitaron un segundo medicamento, o insulina, para controlar los niveles de azúcar en sangre, señalaron los investigadores.

"Este estudio respalda la práctica predominante, que es que la mayoría de personas comienzan con metformina", afirmó el investigador líder, el Dr. Niteesh Choudhry, profesor asociado de medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard, en Boston. "La metformina podría ser más efectiva que otros fármacos para controlar el azúcar en sangre", anotó.

"La metformina, que es uno de los medicamentos más antiguos que tenemos y que las directrices recomiendan como fármaco de primer uso, se asocia con un riesgo más bajo de la necesidad de añadir un segundo fármaco o insulina, en comparación con cualquiera de las otras tres clases de fármacos de uso común", afirmó Choudhry.

El informe aparece en la edición en línea del 27 de octubre de la revista JAMA Internal Medicine.

Una característica de la diabetes tipo 2 es la resistencia a la insulina, según la Asociación Americana de la Diabetes (American Diabetes Association, ADA). Eso significa que el cuerpo no usa la hormona insulina de forma efectiva. La insulina es producida por el páncreas, y ayuda a que el azúcar de los alimentos entre en las células del cuerpo para ser utilizada como energía. Cuando las personas tienen resistencia a la insulina, queda demasiado azúcar en la sangre, en lugar de ser utilizado. A largo plazo, los niveles altos de azúcar en sangre pueden conducir a complicaciones graves, como enfermedad cardiaca y renal, según la ADA.

Hay ocho clases de medicamentos orales para la diabetes tipo 2, según la ADA. Cada clase funciona de forma un poco distinta. Por ejemplo, la metformina hace que las células del cuerpo sean más sensibles a la insulina. También reduce la cantidad de azúcar que se produce en el hígado de forma natural, informa la ADA. Las sulfonilureas, por otro lado, hacen que el páncreas produzca más insulina, según la ADA.

Para el estudio actual, el equipo de Choudhry recolectó datos sobre más de 15,000 personas que iniciaron un tratamiento para la diabetes tipo 2 entre julio de 2009 y junio de 2013. El tiempo de seguimiento promedio fue de poco más de un año.

De esos pacientes, casi el 60 por ciento fueron tratados inicialmente con metformina, y alrededor de una cuarta parte comenzaron el tratamiento con una sulfonilurea, como Glucotrol, según el estudio. Apenas el 6 por ciento comenzaron con una tiazolidinediona, como Actos, y el 13 por ciento con un inhibidor de la DPP-4, como Januvia, indicó el informe.

Los investigadores encontraron que alrededor del 40 por ciento de las personas que tomaban una sulfonilurea, una tiazolidinediona o un inhibidor de la dipeptidil peptidasa 4 (inhibidor de la DPP-4) añadieron un segundo fármaco a su régimen de tratamiento para la diabetes durante el estudio. Apenas el 25 por ciento de los que tomaban una metformina añadieron un fármaco oral adicional durante el periodo del estudio.

Además, el 5 por ciento de los que comenzaron con metformina luego añadieron insulina a su tratamiento, según el estudio. Alrededor del 9 por ciento de los que comenzaron con una sulfonilurea, el 6 por ciento de los que comenzaron con un inhibidor de la DPP-4 y el 6 por ciento de los que comenzaron con tiazolidinedionas también tomaron insulina, encontraron los investigadores.

Choudhry dijo que muchos pacientes se inician con otros fármacos, pero este estudio indica que el tratamiento debe comenzar con metformina.

"Estos hallazgos enfatizan el uso de la metformina como el medicamento inicial para la diabetes tipo 2", señaló.

La Dra. Jodi Segal, codirectora del Centro para la Seguridad y la Efectividad de los Medicamentos de la Facultad de Salud Pública Bloomberg de la Johns Hopkins, y coautora de un editorial que acompaña al estudio en la revista, comentó que "ya está bien establecido que la metformina es la opción de primera línea preferida para los pacientes que puedan tolerarla".

Pero añadió que los médicos deben prestar más atención a las preocupaciones de sus pacientes sobre la necesidad de intensificar la terapia cuando elijan los medicamentos.

"Quizá los médicos deban ayudar a sus pacientes a comprender que intensificar la terapia no significa que el paciente haya fracasado", planteó Segal.

El Dr. Joel Zonszein, director del Centro Clínico de la Diabetes del Centro Médico Montefiore en la ciudad de Nueva York, no cree que la metformina sola sea suficiente para tratar la diabetes tipo 2. Considera que el tratamiento debe reducir el azúcar en sangre de forma agresiva.

"No iniciamos el tratamiento con un solo fármaco", dijo Zonszein. "Desde el principio usamos una combinación".

Zonszein dijo que incluso este estudio muestra que el tratamiento con un solo fármaco no funciona. "¿Para qué esperar a intensificar el tratamiento en lugar de tratar de forma más agresiva?".

Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare

¿La leche es amiga o enemiga?

  • En lugar de la reducción de las fracturas, un estudio sugiere que hay un aumento del riesgo de enfermedades cardiacas y de cáncer.
(HealthDay News) -- Beber grandes cantidades de leche podría ser malo para la salud, según un nuevo estudio.

Las investigaciones anteriores han mostrado que el calcio de la leche puede ayudar a fortalecer los huesos y a prevenir la osteoporosis. Esos beneficios para la salud ósea han llevado a las autoridades sanitarias de EE. UU. a recomendar la leche como parte de una dieta saludable.

Pero este nuevo estudio halló que beber grandes cantidades de leche no protegió a los hombres ni a las mujeres contra las fracturas óseas, y se asoció con un riesgo general más alto de muerte durante el periodo de estudio.

Sin embargo, los investigadores dijeron que los resultados deberían interpretarse con precaución.

Las mujeres que bebían 3 vasos de leche o más al día tenían un riesgo de casi el doble de muerte y enfermedades cardiovasculares, y un riesgo un 44 por ciento más alto de cáncer, que las mujeres que bebían menos de un vaso al día, descubrieron los investigadores.

El riesgo general de muerte de los hombres aumentó en aproximadamente un 10 por ciento cuando bebieron 3 o más vasos de leche diaria, según el estudio, publicado en línea el 28 de octubre en la revista BMJ.

"Los hallazgos del estudio han sido, para mí mismo, lo suficientemente fuertes como para reducir mi consumo de leche", dijo el autor principal, Karl Michaelsson, profesor del departamento de ciencias quirúrgicas de la Universidad de Uppsala, en Suecia.

Aun así, los hallazgos solamente sugieren una asociación y no un vínculo directo, dijo Mary Schooling, profesora en la Facultad de Salud Pública de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, que escribió un editorial publicado junto con el estudio.

Las personas no deberían cambiar su dieta basándose en estos hallazgos, dijo Schooling.

"No podemos extraer conclusiones a estas alturas", dijo. "Necesitamos un estudio con personas que genéticamente puedan y no puedan digerir la leche con facilidad, y comparar si los que pueden digerir la leche presentan una diferencia en cuanto a las enfermedades cardiovasculares, la muerte y las fracturas con respecto a los que no pueden digerirla".

El estudio contó con más de 61,000 mujeres y 45,000 hombres en Suecia que previamente rellenaron unos formularios dietéticos para otros proyectos de investigación, las mujeres a finales de los 80 y los hombres en 1997. Todos tenían más de 39 años de edad.

Los investigadores compararon sus hábitos de consumo de leche con los datos sobre la salud de las autoridades suecas, para ver si el consumo de leche podría estar vinculado con el riesgo de muerte o de problemas para la salud.

Los investigadores hallaron que tomar una gran cantidad de leche en la dieta diaria pareció estar relacionado con un aumento del riesgo de muerte tanto en hombres como en mujeres durante el periodo de estudio.

Además, beber leche en exceso pareció en realidad aumentar el riesgo de una mujer de sufrir fracturas de huesos, en comparación con las mujeres que bebían menos leche.

El riesgo de cualquier fractura ósea aumentó en un 16 por ciento en las mujeres que bebieron 3 o más vasos al día, y el riesgo de rotura de cadera aumentó en un 60 por ciento, indicaron los hallazgos.

Beber mucha leche no pareció proteger de, ni fomentar, las fracturas de huesos en los hombres.

Michaelsson y sus colaboradores dijeron que el aumento del riesgo de muerte que observaron podría explicarse por los niveles altos de azúcares presentes en la leche, concretamente la lactosa y la galactosa.

Se ha mostrado que la galactosa envejece de manera prematura a los ratones en el laboratorio, dijo Michaelsson, e indicó que el azúcar de la leche fomenta la inflamación.

Por el contrario, una ingesta alta de productos lácteos fermentados con un contenido bajo en lactosa (como el yogurt y el queso) se asoció con unas tasas reducidas de mortalidad y fracturas, sobre todo en las mujeres, reportaron los investigadores.

Aunque son interesantes, estos hallazgos son demasiado preliminares como para garantizar un cambio en las directrices nutricionales, señaló Isabel Maples, dietista registrada de Haymarket, Virginia, y vocera de la Academia de Nutrición y Dietética (Academy of Nutrition and Dietetics).

Aproximadamente el 55 por ciento de las personas mayores (44 millones de estadounidenses) tienen osteoporosis o un riesgo alto de tener unos huesos frágiles, dijo Maples. Añadió que las Directrices Alimentarias de EE. UU. recomiendan tres porciones de productos lácteos al día, no solamente para la salud ósea, sino también para reducir el riesgo de enfermedades cardiacas, diabetes tipo 2 e hipertensión.

"No basan las directrices en las novedades. No las basan en las modas. No las basan en lo que ha sido el consejo tradicional. Se atienen a las evidencias científicas", señaló.

HealthDay intentó sin éxito contactar con el Consejo Nacional de Lácteos (National Dairy Council) para que realizara un comentario sobre el estudio.


Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare

Cuando el corazón no avisa

  • La arterioesclerosis es una enfermedad que se inicia pronto en la vida, hacia los 20 o los 30 años, y que permanece durante dos o tres décadas sin dar síntomas.
Es a partir de los 50 años cuando comienzan las complicaciones debido a la acumulación progresiva de placas en las arterias y a su obstrucción. Aunque la enfermedad no tiene cura, una vez detectada, un estilo de vida cardiosaludable puede detener su avance.

Según explica a Infosalus Leandro Plaza, presidente de la Fundación Española del Corazón, casi la mitad de los infartos acaban en muerte súbita y la otra mitad puede dar síntomas en los días anteriores con dolor fuerte en el centro del pecho (angina de pecho) tras realizar alguna actividad intensa, una comida copiosa o algún esfuerzo excesivo. Los síntomas pueden ser un dolor que se irradia a los brazos y al cuello y que puede dar lugar al diagnóstico de una obstrucción coronaria.

En los casos en los que la muerte es inevitable el trombo se forma muy rápido y la obstrucción de la arteria provoca un fenómeno eléctrico que casi detiene el corazón debido a lo que se denomina fibrilación ventricular y que impide el bombeo de sangre al resto del cuerpo.

Según señala Plaza, en estos casos sólo el choque eléctrico puede impedir la muerte al reactivar el circuito eléctrico cardiaco. De ahí la importancia de la existencia en localizaciones públicas y accesibles de desfibriladores, un dispositivo sanitario que en sus versiones más avanzadas al situarlo sobre el pecho detecta si la persona está sufriendo la parada y proporciona de forma automática un choque eléctrico que reactiva el latido cardiaco.

En un grupo más 'afortunado' de pacientes de arteriosclerosis el infarto pasa desapercibido aunque deja secuelas en el corazón, que en las pruebas clínicas muestra una zona de cicatrización derivada del infarto. Estas personas que no han sido conscientes de sufrir un ataque cardiaco suelen tener un buen pronóstico ya que el seguimiento médico y el cambio a un estilo de vida más 'cardiosaludable' (control del peso, ejercicio físico y control de hipertensión y colesterol) aumenta en gran medida su esperanza de vida.

"En la mayoría de los casos no se han dado síntomas, de ahí que pasen desapercibidos, muchos se detectan en un preoperatorio y al ser de pequeña magnitud el paciente no se ve afectado", señala Plaza.
DETECTAR A TIEMPO EL ATAQUE SILENTE

El experto apunta que la prevención es clave para combatir una enfermedad silente y progresiva como la arterioesclerosis. "A partir de los 50 años es recomendable pasar por una prueba de esfuerzo que permita identificar a estas personas en las que no existen síntomas. Al forzar al corazón a trabajar más se detecta la aparición de desequilibrios ya sea porque aparece una angina de pecho o se altera la fibrilación cardiaca".

Plaza señala que estos ataques cardiacos silenciosos son más comunes en la población diabética. "Aunque se desconocen las causas se sospecha que los nervios asociados al corazón son menos sensibles como consecuencia de la diabetes", señala el cardiólogo. Si bien el ataque cardiaco afecta a ambos sexos de forma similar, el especialista apunta que las consecuencias suelen ser más graves entre las mujeres.

Según señala Plaza, "es mejor pasarse por precaución, si existe dolor nuevo, brusco y súbito en la parte anterior del pecho es mejor acudir al médico para que pueda hacer un electrocardiograma". Estos infartos silenciosos revisten de gravedad precisamente por su falta de síntomas y porque pueden ser la antesala de un infarto fatal.

Cuando se detecta la existencia de un ataque cardiaco que no ha presentado síntomas el pronóstico en los pacientes suele ser bueno. "Estos pacientes cardíacos pasan por pruebas más específicas como el cateterismo y la coronariografía que detectan el grado, intensidad y las posibles obstrucciones derivadas de la enfermedad. Después, se puede realizar una angioplastia en la que se suele colocar un pequeño tubo ('stent') para reparar la arteria lesionada", aclara Plaza.

En Europa la mortalidad por causas cardiovasculares alcanza el 47%, es decir, que de cada dos muertes una se debe a la arterioesclerosis. En los países mediterráneos la alimentación y un estilo de vida más activo parecen resultar protectores y en España este porcentaje desciende hasta el 30%.

"Es una enfermedad que no se cura de ahí la importancia del control de la hipertensión, el colesterol y de dejar el tabaquismo, los principales factores de riesgo que hacen que la placa aterosclerótica crezca más rápido", señala Plaza.
¿CÓMO ACTUAR?: GANAR TIEMPO HASTA EL DESFIBRILADOR

El cardiólogo explica que cuando se produce una parada cardiaca resulta esencial la rapidez en la actuación de las personas que se encuentran más cerca y ganar tiempo con las maniobras cardiacas para mantener el bombeo de sangre del paciente hasta el acceso a un desfibrilador automático y la llegada de los servicios de emergencias.

En estos casos tras avisar a emergencias, se realiza la denominada cadena de supervivencia, que consiste en los siguientes pasos: ver si la persona responde o no responde; si tiene pulso o no; si respira o no; y, si no respira ni tiene pulso, iniciar las maniobras de Resucitación Cardiopulmonar Básica (RCP).

Para aplicar la RCP se deberán colocar las manos entrelazadas encima de la región central del pecho y proceder a la realización de 90 compresiones torácicas por minuto. Las personas no expertas deben realizar sólo las compresiones torácicas de la manera más sostenible posible y dejar las respiraciones boca a boca al personal experto.

Gracias a estas compresiones el esternón descenderá y ascenderá cinco centímetros cada vez, lo que moverá la sangre dentro del corazón y del tórax, activando toda la circulación del organismo.

Fuente: infosalus