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¿Tiene problemas para concentrarse?

Nuestra capacidad de prestar atención a ciertas cosas, ya sea conduciendo un automóvil o realizando cirugía cerebral, ignorando las distracciones, determina lo bien que estamos en una tarea determinada. Esta investigación identifica complejo de neuronas esenciales para controlar la atención.
Un equipo de investigadores de la Universidad McGill ha identificado por primera vez de manera convincente una red de neuronas de un área particular del cerebro, la corteza prefrontal lateral, que interactúan entre sí para filtrar rápidamente la información visual y al mismo tiempo ignorar las distracciones. Es un descubrimiento con posibilidades de largo alcance para las personas que sufren de enfermedades como el autismo, TDAH o esquizofrenia.

Los investigadores registraron la actividad cerebral de unos macacos mientras movían sus ojos para mirar los objetos que se mostraban en una pantalla de ordenador, ignorando las distracciones visuales. Estas señales registradas fueron luego ingresadas en un decodificador, que se ejecutaba en un ordenador personal, que imitaba los tipos de cálculos realizados por el cerebro, cuando está enfocado. Con algunos resultados sorprendentes.

"El decodificador fue capaz de predecir de forma muy consistente y en unos pocos milisegundos, donde tenían los macacos la atención perfectamente enfocada e incluso antes de que mirasen en tal dirección", contaba Julio Martínez-Trujillo, del Departamento de Fisiología de McGill y autor principal del artículo. "Pudimos predecir si el mono se distraía por algún estímulo intrusivo. antes del inicio de la distracción."

Pero lo que aún es más interesante fue que, los investigadores manipularon la capacidad del ordenador para "enfocar", manipulando sutilmente la actividad neuronal que se había grabado e ingresado dentro de la máquina. En efecto, mediante la manipulación de las interacciones neuronales, los investigadores fueron capaces de inducir estados "focalizados" o "distraídos" en el ordenador.

"Esto sugiere que estamos aprovechando los mecanismos responsables de la calidad del foco atencional, y podría arrojar algo de luz sobre las razones de por qué este proceso falla en algunas enfermedades neurológicas como el TDAH (suponiendo que esto sea una enfermedad), el autismo y la esquizofrenia", dice Sébastien Tremblay, un estudiante de doctorado en la Universidad de McGill y coautor del artículo que fue publicado en la edición actual de la revista Neuron. "Ser capaz de extraer y leer el código neuronal de las zonas de más alto nivel del cerebro, también podría dar lugar a importantes avances en el campo emergente de las prótesis neuronales, donde las personas que están paralizadas utilizan sus pensamientos para controlar objetos de su entorno."

- Fuente: Universidad McGill .

¿Es posible recuperar por medios artificiales en el cerebro recuerdos que parecían olvidados definitivamente?

David Glanzman con una babosa marina.

Una investigación reciente indica que muchos recuerdos que parecen olvidados definitivamente en realidad no han desaparecido todavía del cerebro y sería factible restaurarlos por medios artificiales. Esta línea de investigación brinda un rayo de esperanza a pacientes en las primeras etapas de la enfermedad de Alzheimer.
Durante décadas, la mayoría de los neurocientíficos han creído que los recuerdos a largo plazo se almacenan en las sinapsis (las conexiones entre las células cerebrales, concretamente neuronas), las cuales son destruidas por la enfermedad de Alzheimer. El nuevo estudio, llevado a cabo por el equipo de David Glanzman, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), Estados Unidos, proporciona pruebas que contradicen la idea de que la memoria a largo plazo reside en las sinapsis.

Glanzman admite que lo planteado en el nuevo estudio es una idea radical, pero enfatiza que eso es lo que indican las evidencias encontradas. Todo apunta a que si se restauran las conexiones sinápticas, el recuerdo volverá a ser accesible. La restauración necesaria no sería tarea fácil, pero es factible en opinión de los autores del estudio.

Los experimentos sobre conservación de recuerdos de situaciones de peligro llevados a cabo por el equipo de Glanzman sobre babosas marinas del género Aplysia han producido resultados sorprendentes, que sugieren que los recuerdos no están almacenados en las sinapsis sino en alguna otra parte, quizá en el núcleo de las neuronas.


Las babosas marinas del género Aplysia son muy útiles para investigaciones neurológicas porque su cerebro tiene bastantes cosas en común con los de muchos otros animales, incluyendo al Ser Humano, pero cuenta solo con unos miles de neuronas, lo que facilita mucho la labor de averiguar para qué sirve cada parte del cerebro y cómo interactúan entre sí las neuronas. Mucho más difícil es explorar el cerebro humano, ya que suele poseer una cifra de neuronas que se ha estimado en alrededor de 1 billón (1 millón de millones) de neuronas, cada una de las cuales posee varios miles de sinapsis.

Glanzman cree que esta línea de investigación por la que él y sus colegas avanzan podría proyectar un rayo de esperanza para las personas con la enfermedad de Alzheimer. Se sabe que dicha enfermedad destruye las sinapsis en el cerebro, pero, a la luz de los nuevos hallazgos, eso quizá no implique que los recuerdos se destruyan de manera irrecuperable. Si se confirma que los recuerdos se almacenan en los núcleos de las neuronas, entonces, mientras estas vivan, el recuerdo estará todavía allí, lo que significa que las personas en las etapas iniciales del mal de Alzheimer podrían recuperar algunos de los recuerdos olvidados. En las fases posteriores, por desgracia, las neuronas mueren, lo que significa muy probablemente que los recuerdos entonces sí se destruyen de manera irremediable.

noticias de la ciencia

Los beneficios para la salud de beber de forma moderada se han exagerado, según un informe

En los estudios anteriores no se consideraron todos los factores, según los investigadores
Todo lo que se ha dicho sobre lo buenos que son para la salud el vino tinto y otras bebidas alcohólicas si se bebe con moderación no es verdad, según un nuevo análisis.

Una revisión de casi 53,000 personas británicas descubrió pocos beneficios para la salud o ninguno asociados con el consumo de alcohol, una vez que los resultados se ajustaron para tener en cuenta una serie de factores personales, sociales, económicos y del estilo de vida, según los investigadores.

"Basándonos en los hallazgos de este estudio, el consumo de alcohol parece proporcionar entre poca y ninguna protección contra la mortalidad en la mayoría de los grupos por sexo y edad", dijo el autor del estudio, Craig Knott, investigador asociado del departamento de epidemiología y salud pública del Colegio de la Universidad de Londres.

Las investigaciones anteriores han mostrado que un consumo ligero de alcohol podría proporcionar cierto grado de protección contra la muerte temprana y las enfermedades, de manera que las personas que toman menos de dos bebidas al día viven más tiempo que los que beben más y que los que no beben en absoluto, dijeron los investigadores.

Pero estos estudios tempranos contenían errores porque los investigadores agruparon a los habían bebido en el pasado y que ya no bebían con los que nunca habían bebido, los calificaron a todos de no bebedores, y entonces los compararon con las personas que bebían un poco, dijo Knott.

"Es importante ver que los ex bebedores parecen estar menos sanos y tener un riesgo mayor de mortalidad que los que nunca han bebido", comentó. "Dado que la investigación existente agrupó en gran medida a los que habían bebido pero ya no lo hacían y a los que nunca habían bebido, cabría la posibilidad de que los efectos protectores observados en los que bebían de manera moderada podrían ser no tanto una consecuencia de una relación biológica real como un artilugio estadístico que aparece al realizar la comparación con personas que simplemente están menos sanas".

En este estudio, publicado el 10 de febrero en la revista BMJ, los investigadores compararon los datos de la Encuesta de salud de Inglaterra anual con los datos nacionales de los fallecimientos, y analizaron los hábitos de bebida y la salud de casi 53,000 personas de a partir de 50 años de edad.

En comparación con las personas que nunca habían bebido, cualquier efecto protector del alcohol quedó en gran medida limitado a los hombres de 50 a 64 años de edad que reportaron un promedio de 15 a 20 bebidas a la semana, y a las mujeres de a partir de 65 años que bebían un promedio de 10 bebidas o menos a la semana, hallaron los investigadores.

E incluso para estos grupos, los beneficios eran tan mínimos que podrían explicarse por los llamados "sesgos de selección", "lo que incluye, pero no se limita a, la posibilidad de que los individuos que participan en un estudio tienen una mejor salud que los que no", dijo Knott.

La mayoría de los beneficios del alcohol se evaporaron después tener en cuenta varias definiciones de lo que es beber ocasionalmente, además de un rango de otras influencias personales y sociales, dijeron los autores del estudio.

"Basándonos en esto, parece sensato que las personas que en la actualidad beben piensen en moderar la cantidad de alcohol que consumen, y que las que no beban sigan siendo abstemias", señaló Knott.

Los beneficios potenciales del alcohol deben sopesarse con respecto al riesgo de cáncer, enfermedades hepáticas y otras enfermedades asociadas con la bebida, dijo Knott.

"Incluso si el alcohol resultara tener un efecto protector contra una cierta afección, también aumentaría el riesgo de contraer otros problemas de salud", señaló.

El Dr. Scott Krakower, jefe asistente de la unidad de psiquiatría del Hospital Zucker Hillside, en Glen Oaks, Nueva York, dijo que el nuevo estudio "se añade a la creciente literatura que afirma que beber alcohol es más dañino que lo que se ha afirmado en los medios de comunicación y los anuncios".

Y Krakower añadió que "en particular, a las personas de más de 64 años se les debería advertir sobre estos riesgos, ya que el alcohol puede ser mortal cuando se mezcla con los medicamentos recetados".

Artículo por HealthDay

La genética predispone a la obesidad más que la dieta o el sedentarismo



Hay gente a la que no le engorda nada y gente a la que todo le engorda. Esa frase tan presente en el imaginario popular cobra ahora más sentido a raíz de la publicación en Nature de dos estudios que explican las razones por las que las personas ganan más o menos peso y la grasa queda almacenada en distintas partes de sus cuerpos.
Los autores, de diversas instituciones y miembros del Consorcio de Investigación Genética de Rasgos Antropométricos (GIANT), analizaron muestras genéticas de más de 300.000 personas, en el mayor trabajo hasta la fecha sobre la variación genética y su relación con la obesidad.

Los resultados muestran más de 140 posiciones en todo el genoma que influyen en diversos rasgos de la obesidad, lo que triplica el número de localizaciones genéticas conocidas hasta este momento. Así, aunque la dieta y el ejercicio son importantes, la genética es fundamental en la tendencia de las personas a ganar peso y a almacenar grasa.

“Se trata de un primer paso hacia la identificación de genes adicionales que afectan a la obesidad. En el futuro, algunos de estos genes pueden ser buenos objetivos para el desarrollo de fármacos”, explica a Sinc Karen Mohlke, profesora de genética en la Universidad de Carolina del Norte (EE UU) y autora principal del primero de los artículos.

El estudio liderado de Mohlke se centra en dónde se almacena la grasa en el cuerpo, uno de los determinantes de riesgo para la salud. Por ello, uno de los rasgos observables vinculados a los lugares genéticos fue el ratio entre la circunferencia de cintura y de la cadera.

Las personas con las cinturas más grandes que la cadera tienen mayor grasa abdominal rodeando los órganos situados en esa zona. Esto los hace más propensos a padecer trastornos metabólicos –como diabetes tipo 2 o problemas cardiovasculares– que las personas con la grasa corporal más concentrada en la cadera o distribuida por igual en todo el cuerpo.


Mohlke añade que averiguar “qué genes influyen en el lugar donde se deposita la grasa ayudaría a entender la biología de la resistencia a la insulina, el síndrome metabólico y las enfermedades del corazón".

En el trabajo se constató que las localizaciones genéticas asociadas con depósitos de grasa se vinculan con genes previamente relacionados con la creación del tejido adiposo. Los investigadores también determinaron que 19 de las localizaciones genéticas relacionadas con la distribución de la grasa poseían un efecto más fuerte en mujeres; y solo una afectaba más a los hombres.

El segundo artículo publicado en Nature se centra en el índice de masa corporal (IMC). En él, los científicos identificaron 97 regiones de todo el genoma que influyen en la obesidad, un hallazgo que triplicó el número de regiones previamente conocidas.

Además, encontraron que las localizaciones genéticas asociadas con el IMC pueden participar en procesos neuronales, en concreto, en la señalización del cerebro, que controla el apetito y la utilización de la energía.

"Nuestro trabajo demuestra claramente que la predisposición a la obesidad y el aumento del IMC no se debe a un solo gen o cambio genético", subraya Elizabeth Speliotes, bioinformática de la Universidad de Michigan y autora principal. "El gran número de genes implicados hace menos probable que una sola estrategia funcione para todo el mundo".

Una vez entendidos, estos mecanismos pueden explicar por qué no todas las personas obesas desarrollan enfermedades metabólicas relacionadas, como diabetes y colesterol alto. Asimismo, la identificación de genes y vías asociadas con la obesidad podrían revelar nuevas dianas terapéuticas para bajar de peso.

Fuente: SINC