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Cuidado: escuchar música triste puede afectar tu salud mental

Según una investigación, síntomas de ansiedad, neurosis y depresión se pueden despertar si se escucha temas sombríos.


Escuchar música triste es capaz de afectar a nuestra salud mental a largo plazo.

Una nueva investigación asegura que la música no solo influye en nuestro estado presente, sino que es capaz de afectar a nuestra salud mental a largo plazo. Según los datos publicados en el número de este mes deFrontiers in Human Neuroscience, las personas con inclinación a escuchar música de carácter "agresivo" o "triste" pueden exprimentar ansiedad y neurosis; y de hecho, lo hacen en mayor medida que aquellos que se decantan por canciones más desenfadadas en sus playlists diarias.

El estudio al que hace referencia el artículo fue realizado en el Centre for Interdisciplinary Music Research en la Aalto University de Finlandia y en la Aarhus University de Dinamarca. En el mismo se investigó la actividad neuronal de los participantes mientras escuchaban música "feliz" y "triste", y posteriormente se han comparado los resultados – en los que aparecieron síntomas de ansiedad, neurosis y depresión justo en los participantes que han escuchado temas más sombríos–.

"Estos resultados muestran una relación entre la escucha de música y la activación mPFC, lo cual puede significar que ciertos estilos de escucha producen efectos a largo plazo en el cerebro", explicó la profesora Elvira Brattico. "Esperamos que nuestro trabajo anime a la gente a pensar cómo las diferentes maneras que hay de utilizar la música pueden ayudar o dañar su propio bienestar".

El ACV es la cuarta causa de muerte en adultos

Si no se trata a tiempo, por cada minuto que pasa los efectos del Accidente Cerebrovascular (ACV) empeoran. Puede causar problemas como discapacidad, pérdida de memoria, problemas de comportamiento y de habla.
“Se denomina ACV a la condición producida por una interrupción brusca en el flujo sanguíneo del cerebro cuya consecuencia posible es, al no recibir el oxígeno ni los nutrientes necesarios, la muerte del tejido cerebral. Este daño al cerebro puede causar una pérdida repentina de funciones dependientes de la parte dañada”, explicó María Victoria Marquevich, médica de Terapia Intensiva del Hospital Universitario Austral.

Se trata de la principal causa de discapacidad y la cuarta causa de muerte en adultos. Es un problema serio que, diagnosticado y tratado correctamente en las primeras horas de evolución, puede resolverse en muchos casos.

De acuerdo con Marquevich, existen distintos tipos de ACV: “En la mayoría de los casos (80%) es isquémico lo cual significa que un coágulo se aloja en las arterias y detiene el flujo de sangre al cerebro. Es un infarto de cerebro. En el caso del ataque cerebral hemorrágico lo que lo provoca es la ruptura de un vaso sanguíneo, y la formación de un hematoma en el tejido cerebral, este es el conocido como derrame cerebral”.

¿Cuáles son los síntomas típicos de ataque cerebral?

• Debilidad súbita en alguna parte del cuerpo (cara, brazo, pierna). Esto implica no poder mantener un brazo en alto, por ejemplo.
• Dificultades para hablar.
• Confusión repentina.
• Aparición brusca de mareos e inestabilidad.
• Alteraciones súbitas en la visión o visión borrosa súbita.
• Dolor de cabeza intenso y de aparición repentina.

Se debe considerar que habitualmente no causan dolor y pueden pasar inadvertidos y desaparecer a los pocos minutos. El 30% de las personas que sufren estas advertencias tienen riesgo de presentar un evento mayor posterior. Es fundamental reconocer los síntomas y consultar inmediatamente. Los efectos de un ataque cerebral que no se tratan a tiempo pueden afectar la vida y las actividades de los seres queridos

“Si se reconocen uno de estos síntomas es hora de actuar”, agrega el Dr. Pablo Pratesi, jefe del servicio de Terapia Intensiva del Hospital Universitario Austral. "Cada minuto que pasa los efectos del ACV empeoran. Si no se tratan a tiempo, pueden causar problemas muy serios como discapacidad, perdida de memoria, problemas de comportamiento y del habla", advierte.

Un solo síntoma es suficiente para buscar ayuda

El ACV lo puede cambiar todo. Se debe llamar al servicio de emergencias al 107. Ante la sospecha de que un ser querido está teniendo un ACV no se debe al doctor, ni manejar al hospital. Lo mejor que pueden hacer es llamar al 107.

“Se sabe que por cada minuto de isquemia, por cada minuto que un área del cerebro no recibe oxigeno, se mueren 2 millones de neuronas. Perder tiempo es perder cerebro”, aclara la Dra. Marquevich.

De acuerdo con el tratamiento, el Dr. José Antonio Bueri, jefe del servicio de Neurología cuenta que en el Hospital Universitario Austral los profesionales están capacitados con todos los medios necesarios para tratar el Ataque Cerebral contando con un equipo que encabeza, especializado para el tratamiento.

Factores de riesgo y prevención

Los factores que pueden aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular incluyen el sexo (los hombres son más propensos a tener ACV que las mujeres, pero las mujeres son más propensas a morir por ACV que los hombres), la edad (más de 55 años de edad) e historia familiar de accidente cerebrovascular.

Entre las condiciones médicas que pueden incrementar el riesgo se incluyen la hipertensión, la alteración de los lípidos sanguíneos (colesterol y/o triglicéridos elevados), la enfermedad carotídea, la diabetes, antecedentes de infartos de corazón, las arritmias cardíacas, enfermedades de las válvulas del corazón y trastornos hematológicos.

Existe una prevención primaria (para aquellas personas que no han tenido un ACV y desean extremar los cuidados para no correr ese riesgo) y una prevención secundaria (para aquellas personas que han tenido un ACV y desean extremar los cuidados para no correr el riesgo de un nuevo ataque cerebral).

Ciertos estilos de vida pueden aumentar el riesgo de accidente cerebrovascular, por ejemplo el tabaquismo, el uso de algunos anticonceptivos (especialmente en mayores de 35 años y fumadoras), el uso a largo plazo de la terapia de reemplazo hormonal (por ejemplo para el manejo de la menopausia), la inactividad física (sedentarismo), la obesidad y el abuso de drogas.

No solo quien sufre el ACV se ve afectado. 

Estar al cuidado de una persona que ha sufrido un ataque cerebral es una actividad sumamente dificultosa, que usualmente supone una carga de estrés emocional y físico. Pueden generarse cambios en las relaciones familiares, cambios emocionales (tristeza, ansiedad), problemas de salud (depresión, inconvenientes articulares vinculados a la movilización del paciente), cambios en la calidad de vida (menor tiempo para actividades recreativas y personales), problemas económicos y laborales.

Reducir el azúcar de la dieta mejora la salud de los niños inmediatamente

Aunque las calorías sigan siendo las mismas, los niños obesos experimentaron un mejor nivel de presión arterial, de colesterol y de azúcar en la sangre
Reducir la mayor parte del azúcar en la dieta de un niño puede mejorar su salud de forma inmediata, incluso si la dieta sigue conteniendo la misma cantidad de calorías y carbohidratos que antes, según un estudio reciente.

Los investigadores hicieron que un grupo de 43 niños obesos realizaran una dieta de 9 días que restringía de forma severa la ingesta de azúcar, pero reemplazaron los azúcares añadidos con alimentos almidonados para mantener la ingesta de calorías y carbohidratos de los niños.

Esa dieta provocó una inmediata reducción de su hipertensión y una mejora en sus niveles de azúcar en la sangre y de colesterol, hallaron los investigadores.

"Cada aspecto de su salud metabólica mejoró, sin cambiar las calorías", señaló el autor del estudio, el Dr. Robert Lustig, endocrinólogo pediátrico en el Hospital Pediátrico Benioff de la Universidad de California, en San Francisco. "Este estudio muestra sin lugar a dudas que el azúcar es metabólicamente perjudicial, no por sus calorías ni por sus efectos en el peso. Más bien, el azúcar es metabólicamente dañino porque es azúcar".

El hallazgo hace que se planteen preocupaciones serias sobre los efectos del azúcar en la salud, y hace un llamado a que se ponga en cuestión la creencia, largo tiempo mantenida, de que "una caloría es una caloría" independientemente del alimento de la que proceda, dijo el Dr. Jeffrey Mechanick, director de soporte metabólico en la división de endocrinología, diabetes y enfermedades óseas de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, en la ciudad de Nueva York.

"Es un estudio importante que se suma al conjunto de evidencias, y realmente nos insta a que examinemos el hecho de que los patrones alimentarios, y qué es un patrón alimentario sano para el público estadounidense, son tan importantes como la ingesta calórica", comentó Mechanick, que es presidente electo del Colegio Americano de Endocrinología (American College of Endocrinology) y ex presidente de la Asociación Americana de Endocrinólogos Clínicos (American Association of Clinical Endocrinologists).

Para realizar el estudio, los investigadores reclutaron a niños de 8 a 18 años que eran obesos y que tenían al menos otro problema metabólico crónico, como hipertensión, un nivel elevado de colesterol o señales de resistencia a la insulina.

El estudio solamente contó con niños negros e hispanos, debido a su riesgo más alto de sufrir ciertas afecciones asociadas con el síndrome metabólico, como la hipertensión y la diabetes tipo 2.

Los investigadores proporcionaron a los participantes del estudio alimentos para nueve días, incluyendo todos los refrigerios y las bebidas.

El menú se elaboró para que los alimentos fueran adecuados para los niños, pero restringía los alimentos llenos de azúcares añadidos, como los cereales ricos en azúcar, las tortas y el yogur azucarado.

Todos los alimentos (que incluían perritos calientes de pavo, papas fritas y pizza) procedían de supermercados locales, y los investigadores proporcionaron carbohidratos almidonados a partir de alimentos como las roscas, los cereales y la pasta para reemplazar a los carbohidratos que normalmente tendrían los artículos azucarados.

El resultado final: los niños consumieron la misma cantidad de carbohidratos, pero su ingesta total de azúcar dietética se redujo de un 28 a un 10 por ciento.

Se dio a los niños una báscula y se les pidió que se pesaran todos los días. Si empezaban a perder peso de forma drástica, se les daba más alimentos bajos en azúcar, de modo que la pérdida de peso se descartara como factor en cualquiera de los efectos positivos para la salud que se pudieran observar.

Después de 9 días con la dieta restringida de azúcar, prácticamente cada aspecto de la salud metabólica de los participantes mejoró sin que hubiera un gran cambio en su peso.

La presión arterial empezó a modificarse hasta niveles más próximos a la normalidad, y los niveles de triglicéridos y del colesterol LDL ("malo") se redujeron. El nivel de glucosa en la sangre en ayunas se redujo en 5 puntos, y los niveles de insulina se redujeron en un tercio, mostraron los hallazgos.

"Hicimos que niños que estaban enfermos se volvieran sanos", dijo Lustig. "No la revertimos completamente, pero en 10 días conseguimos revertir su disfunción metabólica en gran medida, sin que hubiera un cambio en la calorías ni en el peso".

Sin embargo, el sector del azúcar no se mostró de acuerdo con los hallazgos.

"El estudio más reciente del Dr. Lustig no logra dar una precisión científica a preguntas importantes que requieren de respuestas legítimas", afirmó La Asociación del Azúcar (The Sugar Association) en una declaración.

"El estudio fue diseñado para asegurarse de que los sujetos mantenían su peso corporal", señaló el grupo, pero "a medida que el estudio se iba desarrollando, los sujetos no lo hicieron. 33 de los 43 participantes perdieron peso, un promedio significativo de 2 libras (0.9 kg) por persona en 9 días. Esto hace que sea imposible separar los efectos de la pérdida de peso de los cambios dietéticos en las variables de salud medidas".

La asociación añadió que el estudio tenía datos insuficientes sobre qué tipo de azúcares (especialmente fructosa) había en las dietas de los niños, y el estudio contó con la información reportada por los mismos participantes, lo que la asociación calificó como "no fiable".

Pero Lustig comentó que otros estudios han mostrado que el azúcar puede tener efectos metabólicos perjudiciales más allá del aumento de peso a través de las calorías adicionales.

El azúcar presente en los alimentos está compuesto por dos azúcares simples llamados glucosa y fructosa, y los estudios han mostrado que la fructosa puede fomentar el envejecimiento celular, dijo.

La fructosa también actúa directamente sobre el sistema de recompensa en el cerebro de una persona, lo que le hace desear más azúcar. "Cuanto más azúcar se ingiere, más se quiere", señaló Lustig.

Estos hallazgos muestran que las personas harían bien si siguen las directrices dietéticas que ya animan a limitar la ingesta de azúcar y a comer más fruta y verdura, dijo Mechanick.

Pero indicó que el estudio contó solamente con un pequeño grupo de niños durante un periodo corto de tiempo, y se ha de replicar en un grupo más amplio.

"Es un estudio importante que añadir al conjunto total de evidencias", dijo Mechanick. "Obviamente, va a ser necesario corroborarlo en un ambiente distinto y con una población distinta".

El estudio aparece en la edición en línea del 27 de octubre de la revista Obesity.

FUENTES: Robert Lustig, M.D., MSL, pediatric endocrinologist, UCSF Benioff Children's Hospital San Francisco; Jeffrey Mechanick, M.D., F.A.C.P., F.A.C.E., F.A.C.N., E.C.N.U., clinical professor and director, metabolic support, division of endocrinology, diabetes and bone disease, Mount Sinai Icahn School of Medicine, New York City; Oct, 27, 2015, statement, The Sugar Association; Oct. 27, 2015,Obesity, online

Relacionan unos medicamentos para la acidez crónica con un riesgo más alto de enfermedad renal

Pero los estudios no se diseñaron para probar que los inhibidores de la bomba de protones sean responsables del aumento
Un tipo común de medicamentos para la acidez conocidos como inhibidores de la bomba de protones (IBP) parecen vincularse con un aumento en el riesgo de enfermedad renal crónica, sugieren dos estudios recientes.

Prilosec, Nexium y Prevacid pertenecen a esta clase de fármacos, que tratan la acidez y el reflujo ácido al reducir la cantidad de ácido producida por el estómago.

Aunque los estudios actuales han mostrado una asociación entre esos medicamentos y el hecho de contraer enfermedad renal crónica, no probaron causalidad.

Pero el Dr. Pradeep Arora, autor líder de uno de los estudios, considera que "es muy razonable asumir que los IBP en sí pueden provocar la enfermedad renal crónica". Arora es nefrólogo y profesor asociado de la Facultad de Medicina y Ciencias Biomédicas de SUNY Buffalo en Buffalo, Nueva York.

"Los pacientes solo deben usar los IBP para las indicaciones aprobadas [por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de EE. UU.], y no para tratar una acidez sencilla ni una [indigestión]", advirtió.

La enfermedad renal crónica está aumentando en Estados Unidos, y más de 20 millones de estadounidenses sufren actualmente de la enfermedad, según la Sociedad Americana de Nefrología (American Society of Nephrology). Ocurre cuando los riñones de una persona se dañan y no pueden filtrar la sangre como deben. La diabetes y la hipertensión son dos factores de riesgo comunes de la enfermedad renal, según la sociedad.

Los IBP ya se habían vinculado con problemas renales a corto plazo, como una lesión aguda del riñón y una enfermedad renal inflamatoria llamada nefritis intersticial aguda, dijo Arora.

El estudio de Arora contó con 24,000 pacientes que contrajeron la enfermedad renal crónica entre 2001 y 2008.

Uno de cada cuatro pacientes renales había sido tratado antes con un IBP. Las personas que tomaban un IBP también tenían casi el doble de riesgo de muerte prematura, hallaron los investigadores.

En el segundo estudio, los investigadores fueron dirigidos por el Dr. Benjamin Lazarus del Hospital Real de Brisbane y de Mujeres en Australia y de la Universidad de Johns Hopkins en Baltimore. Siguieron a más de 10,000 adultos con una función renal normal entre 1996 y 2011.

Encontraron que los usuarios de IBP tenían hasta un 50 por ciento más de probabilidades de contraer la enfermedad renal crónica que los que no usaban IBP, incluso tras ajustar por las diferencias entre ambos grupos.

Los investigadores apuntaron que las personas no tenían un riesgo más elevado de enfermedad renal crónica si usaban una clase distinta de fármacos llamados bloqueadores H2, que también suprimen el ácido estomacal. Ese grupo de medicamentos incluye a Tagamet y a Zantac.

El mismo equipo también replicó ese vínculo en un segundo estudio de mayor tamaño que siguió a 240,000 pacientes entre 1997 y 2014, señalaron los investigadores.

Los hallazgos de los estudios se presentarán la próxima semana en la reunión anual de la Sociedad Americana de Nefrología, en San Diego. Los datos y conclusiones presentados en reuniones por lo general se consideran preliminares hasta que se publiquen en una revista médica revisada por profesionales.

Arora dijo que hay un par de teorías que podrían explicar este vínculo entre los IBP y la enfermedad renal crónica.

Los riñones podrían resultar dañados con el tiempo si los pacientes sufren ataques repetidos de nefritis intersticial aguda (una forma de inflamación del tejido), que se ha vinculado con el uso a corto plazo de los IBP, apuntó.

Los IBP también pueden hacer que los niveles de magnesio en sangre bajen. Una falta de ese importante mineral podría también provocar daño renal, añadió Arora.

Pero los pacientes que toman IBP también tienden a ser obesos y a tener otros problemas de salud, como la diabetes, y esas afecciones podrían explicar el vínculo observado, dijo el Dr. Michael Wolfe, gastroenterólogo y profesor de medicina de la Facultad de Medicina de la Universidad de Case Western Reserve, en Cleveland.

Los pacientes enfermos también toman muchos analgésicos AINE (antiinflamatorios no esteroides), y esos medicamentos de venta libre también se han vinculado con la enfermedad renal crónica, apuntó.

"Sospecho que si [los investigadores] corrigen los datos teniendo en cuenta el uso de AINE, podrían observar que esa correlación desaparece", planteó Wolfe.

Arora dijo que su equipo de investigación inicialmente no tomó en cuenta el uso de AINE en el estudio, pero que sí controló otros problemas de salud.

"No [controlamos los datos sobre el uso de AINE], pero tenemos datos sobre el uso de AINE y estamos estudiándolos", dijo. "Es un argumento muy válido".

Arora recomienda que la gente solo use los inhibidores de la bomba de protones para tratar los trastornos gastrointestinales graves, como el ERGE, que era la intención original de la FDA.

"Según los datos de EE. UU., el 90 por ciento de las recetas de IBP no se relacionan con indicaciones aprobadas por la FDA", lamentó. "Estamos usando esos fármacos indiscriminadamente, y para muchos pacientes podrían resultar contraproducentes".

FUENTES: Pradeep Arora, M.D., nephrologist and associate professor, SUNY Buffalo School of Medicine and Biomedical Science, Buffalo, N.Y.; M. Michael Wolfe, M.D., gastroenterologist and professor, medicine, Case Western Reserve University School of Medicine, Cleveland, Ohio; Nov. 3-8, 2015, presentations, American Society of Nephrology, annual meeting, San Diego, Calif.