....."Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder." Mateo 5:14
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Que es la Gastritis?
El término gastritis significa inflamación del recubrimiento interno del estómago.
Esta inflamación se produce ante determinadas injurias, como por ejemplo: consumo excesivo de alcohol, café o mate, uso no controlado de cierto tipo de analgésicos y antiinflamatorios (medicamentos para el dolor) y también el estrés crónico. Existe además una bacteria, denominada Helicobacter pylori, que infecta la pared del estómago, provocando gastritis.
Todos estos factores pueden dañar la pared interna del estómago, produciendo, además de irritación directa de la pared, una disminución de la resistencia de la misma a los efectos del ácido.El ácido es normalmente secretado por la pared del estómago y contribuye al proceso de digestión, pero su secreción aumenta en algunas de las situaciones antes mencionadas.
Esto se denomina hiperacidez, que conduce a la inflamación, y mantiene el daño de la pared estomacal, en especial si hay una disminución de sus defensas naturales.
¿Cuáles son sus síntomas?
En general todas las personas han padecido alguna vez de un episodio de hiperacidez.
La hiperacidez es una sensación de ardor en el pecho o en la boca del estómago, que puede acompañarse de un sabor agrio o amargo en la garganta o en la boca, luego de comer o al acostarse.
Esta sensación puede durar desde unos pocos minutos hasta horas.También puede manifestarse como dolor, con falta de apetito, náuseas y vómitos. Todos estos son síntomas posibles de la gastritis o inflamación del estómago.
Esta inflamación se produce ante determinadas injurias, como por ejemplo: consumo excesivo de alcohol, café o mate, uso no controlado de cierto tipo de analgésicos y antiinflamatorios (medicamentos para el dolor) y también el estrés crónico. Existe además una bacteria, denominada Helicobacter pylori, que infecta la pared del estómago, provocando gastritis.
Todos estos factores pueden dañar la pared interna del estómago, produciendo, además de irritación directa de la pared, una disminución de la resistencia de la misma a los efectos del ácido.El ácido es normalmente secretado por la pared del estómago y contribuye al proceso de digestión, pero su secreción aumenta en algunas de las situaciones antes mencionadas.
Esto se denomina hiperacidez, que conduce a la inflamación, y mantiene el daño de la pared estomacal, en especial si hay una disminución de sus defensas naturales.
¿Cuáles son sus síntomas?
En general todas las personas han padecido alguna vez de un episodio de hiperacidez.
La hiperacidez es una sensación de ardor en el pecho o en la boca del estómago, que puede acompañarse de un sabor agrio o amargo en la garganta o en la boca, luego de comer o al acostarse.
Esta sensación puede durar desde unos pocos minutos hasta horas.También puede manifestarse como dolor, con falta de apetito, náuseas y vómitos. Todos estos son síntomas posibles de la gastritis o inflamación del estómago.
Causas del Sindrome del Intestino Irritable
Aunque el síndrome de intestino irritable es un motivo muy frecuente de la consulta médica, particularmente la gastroenterológica, aún se conoce poco acerca de las causas precisas que lo provocan y que lo desencadenan. A tal punto, que algunos especialistas catalogan esta situación como "síntomas intestinales de causa desconocida".
De todos modos, se han postulado distintas teorías y se han detectado asociaciones frecuentes que podrían dar idea de sus orígenes. A continuación, analizaremos algunas de ellas.
Posibles causas y mecanismos del síndrome de intestino irritableComo fuera comentado (El síndrome de intestino irritable: sus características), es evidente que la mayoría de los pacientes tiene una alteración del tránsito intestinal, expresado por la alternancia de diarrea y constipación. Las modificaciones en las evacuaciones e incluso en el ritmo diario, es un hecho frecuente que señalaría la presencia de un trastorno intermitente de los movimientos intestinales.
Otra teoría muy interesante, aunque aún no demostrada, es la que propone que el trastorno intestinal residiría en el control nervioso del intestino. Las paredes externas del intestino están rodeadas de una red de células y terminales nerviosas, que a modo de una red de cableado eléctrico de un edificio, lo recorren en su totalidad y controlan la actividad de las vísceras abdominales, tanto motora (movimientos) como de las secreciones (jugos digestivos). Se ha llegado a hablar incluso de un verdadero "cerebro intestinal", conectado a su vez con el sistema nervioso central (coordinado por el cerebro). La presencia de sustancias encargadas de llevar la información del tubo digestivo, particularmente del intestino, hacia diferentes sectores del mismo, se asemeja a lo que acontece dentro del cerebro donde estas sustancias envían señales a diferentes centros nerviosos, activándolos y coordinándolos en su funcionamiento. La idea de una alteración de este verdadero "sistema nervioso paralelo" es atrayente, pero aún no ha sido comprobada fehacientemente por ningún investigador.
Un estado de hipersensibilidad del intestino es otra de las posibles causas investigadas por los especialistas. Si queremos representar en forma más clara estos hechos, pensemos en lo que sucede con personas cuya piel es muy sensible y, por ende, experimentan dolor ante estímulos mínimos que en otros individuos sólo serían una molestia. Esta capacidad de reaccionar con dolor, se vería exacerbada frente a la presencia de estímulos que podrían ser considerados normales, como la distensión de parte del intestino provocada por una ingesta copiosa o por procesos de fermentación de algún alimento. En la mayoría de las personas, este hecho se percibe como sensación de hinchazón o leve malestar, en tanto que en quienes padecen síndrome de intestino irritable estos acontecimientos desencadenan dolor importante.
Ciertos tipos de comidas y bebidas también han sido involucrados como posibles desencadenantes del síndrome de intestino irritable. Se trataría especialmente de algunos alimentos que pueden producir un exceso de formación de gases (tales como repollo, legumbres e incluso leche), pero también de dietas carentes de fibra o residuo vegetal, que provocan ralentamiento del tránsito intestinal.
También se ha descrito la aparición de síntomas dolorosos tras la ingesta de alcohol y de bebidas con alto contenido de cafeína (café, té, bebidas tipo cola) que actúan como estimulantes de la musculatura intestinal y son generadores, por lo tanto, de dolores espasmódicos, conocidos como cólicos intestinales.
Finalmente, un factor en el que coinciden muchos expertos y que será analizada en notas posteriores, es la existencia de situaciones de tensión emocional o estrés, en las que el cerebro enviaría al intestino señales que desencadenarían los síntomas, más acentuados justamente en períodos de perturbaciones emocionales de distinta índole.
En síntesis, existen muchas teorías, aún no comprobadas, pero dentro de ellas existen algunas que, de confirmarse, podrían implicar un mejoramiento de los síntomas con modificaciones del estilo de vida. En todos los casos, cabe aclarar que existen recursos terapéuticos que alivian los síntomas y ayudan al paciente con esta sintomatología.
De todos modos, se han postulado distintas teorías y se han detectado asociaciones frecuentes que podrían dar idea de sus orígenes. A continuación, analizaremos algunas de ellas.
Posibles causas y mecanismos del síndrome de intestino irritableComo fuera comentado (El síndrome de intestino irritable: sus características), es evidente que la mayoría de los pacientes tiene una alteración del tránsito intestinal, expresado por la alternancia de diarrea y constipación. Las modificaciones en las evacuaciones e incluso en el ritmo diario, es un hecho frecuente que señalaría la presencia de un trastorno intermitente de los movimientos intestinales.
Otra teoría muy interesante, aunque aún no demostrada, es la que propone que el trastorno intestinal residiría en el control nervioso del intestino. Las paredes externas del intestino están rodeadas de una red de células y terminales nerviosas, que a modo de una red de cableado eléctrico de un edificio, lo recorren en su totalidad y controlan la actividad de las vísceras abdominales, tanto motora (movimientos) como de las secreciones (jugos digestivos). Se ha llegado a hablar incluso de un verdadero "cerebro intestinal", conectado a su vez con el sistema nervioso central (coordinado por el cerebro). La presencia de sustancias encargadas de llevar la información del tubo digestivo, particularmente del intestino, hacia diferentes sectores del mismo, se asemeja a lo que acontece dentro del cerebro donde estas sustancias envían señales a diferentes centros nerviosos, activándolos y coordinándolos en su funcionamiento. La idea de una alteración de este verdadero "sistema nervioso paralelo" es atrayente, pero aún no ha sido comprobada fehacientemente por ningún investigador.
Un estado de hipersensibilidad del intestino es otra de las posibles causas investigadas por los especialistas. Si queremos representar en forma más clara estos hechos, pensemos en lo que sucede con personas cuya piel es muy sensible y, por ende, experimentan dolor ante estímulos mínimos que en otros individuos sólo serían una molestia. Esta capacidad de reaccionar con dolor, se vería exacerbada frente a la presencia de estímulos que podrían ser considerados normales, como la distensión de parte del intestino provocada por una ingesta copiosa o por procesos de fermentación de algún alimento. En la mayoría de las personas, este hecho se percibe como sensación de hinchazón o leve malestar, en tanto que en quienes padecen síndrome de intestino irritable estos acontecimientos desencadenan dolor importante.
Ciertos tipos de comidas y bebidas también han sido involucrados como posibles desencadenantes del síndrome de intestino irritable. Se trataría especialmente de algunos alimentos que pueden producir un exceso de formación de gases (tales como repollo, legumbres e incluso leche), pero también de dietas carentes de fibra o residuo vegetal, que provocan ralentamiento del tránsito intestinal.
También se ha descrito la aparición de síntomas dolorosos tras la ingesta de alcohol y de bebidas con alto contenido de cafeína (café, té, bebidas tipo cola) que actúan como estimulantes de la musculatura intestinal y son generadores, por lo tanto, de dolores espasmódicos, conocidos como cólicos intestinales.
Finalmente, un factor en el que coinciden muchos expertos y que será analizada en notas posteriores, es la existencia de situaciones de tensión emocional o estrés, en las que el cerebro enviaría al intestino señales que desencadenarían los síntomas, más acentuados justamente en períodos de perturbaciones emocionales de distinta índole.
En síntesis, existen muchas teorías, aún no comprobadas, pero dentro de ellas existen algunas que, de confirmarse, podrían implicar un mejoramiento de los síntomas con modificaciones del estilo de vida. En todos los casos, cabe aclarar que existen recursos terapéuticos que alivian los síntomas y ayudan al paciente con esta sintomatología.
El estrés laboral relacionado a la depresión
Habitualmente se considera al estrés laboral como responsable de una serie de trastornos de naturaleza física o psicosomática. No sorprende conocer que fue el estrés laboral lo que le provocó a un familiar o allegado un pico hipertensivo, una gastritis o cuadros de contracturas musculares múltiples. Pero lo que frecuentemente se deja de lado es la idea de que también la depresión puede estar ligada a la existencia de exigencias desmedidas en el ámbito laboral.
Un nuevo estudio llevado a cabo por expertos del centro médico de la Universidad de Rochester (EE.UU) es una prueba que confirma esas observaciones. En su investigación, llevada a cabo sobre más de 24.000 individuos adultos, detectaron casi un 5% de cuadros depresivos graves en el pasado año. De ellos, los que ostentaban mayor nivel de estrés laboral eran quienes presentaban riesgo de depresión mayor, según lo publicado en la prestigiosa revista científica American Journal of Public Health.La Dra. Emma Robertson Blackmore, que lideró el grupo que efectuó esta presentación, sostiene que hasta el presente sólo habían sido tomadas en cuenta un número reducido de ocupaciones proclives a depresión. Según se amplía y confirma en este trabajo, la vinculación entre estrés laboral y depresión debería extenderse a un grupo más amplio de la población.El grupo con mayor afectación depresiva fue el de los varones con elevados niveles de tensión en su ámbito laboral, que tenían un riesgo 2 veces mayor que los que trabajaban con niveles más bajos de estrés. Los autores de la investigación aclaran que se entiende por “alto nivel de tensión laboral” a aquellas tareas de mayor responsabilidad, capacidad de decisión y exigencia.
En el caso de las mujeres, el elemento vinculado a su desempeño laboral que podía ligarse con la propensión a desarrollar depresión fue la falta de autoridad para decidir. Aunque aun no queda clara cual podría ser la diferencia observada entre los trabajadores del sexo masculino y femenino, se presume que puede ser la diversa naturaleza de las tareas que ambos llevan a cabo. No obstante, existen semejanzas entre ambos sexos al considerar el papel que cumple la falta de apoyo entre supervisores, jefes y compañeros de tareas. Esta circunstancia se asoció con depresión tanto en varones como en mujeres.
En la actualidad, no resulta tan sencillo establecer cuáles son las ocupaciones, tareas o circunstancias relacionadas con el origen del estrés laboral. Las condiciones de trabajo, las mayores exigencias cotidianas y factores económicos diversos distribuyen los altos niveles de estrés en un sector muy amplio de la población económicamente activa.
De todos modos, y como ya lo vienen observando las áreas de personal de diversas empresas, ciertos condicionantes laborales favorecen mucho la presencia de depresión entre sus empleados, con las consecuentes repercusiones sobre el ausentismo, rendimiento, etc.
Estas investigaciones deberían inducirnos a la reflexión acerca de cómo influye el ámbito laboral sobre nuestros estados anímicos y bienestar psicoemocional, y poner en la balanza las conveniencias y los perjuicios de continuar con determinadas tareas.
Un nuevo estudio llevado a cabo por expertos del centro médico de la Universidad de Rochester (EE.UU) es una prueba que confirma esas observaciones. En su investigación, llevada a cabo sobre más de 24.000 individuos adultos, detectaron casi un 5% de cuadros depresivos graves en el pasado año. De ellos, los que ostentaban mayor nivel de estrés laboral eran quienes presentaban riesgo de depresión mayor, según lo publicado en la prestigiosa revista científica American Journal of Public Health.La Dra. Emma Robertson Blackmore, que lideró el grupo que efectuó esta presentación, sostiene que hasta el presente sólo habían sido tomadas en cuenta un número reducido de ocupaciones proclives a depresión. Según se amplía y confirma en este trabajo, la vinculación entre estrés laboral y depresión debería extenderse a un grupo más amplio de la población.El grupo con mayor afectación depresiva fue el de los varones con elevados niveles de tensión en su ámbito laboral, que tenían un riesgo 2 veces mayor que los que trabajaban con niveles más bajos de estrés. Los autores de la investigación aclaran que se entiende por “alto nivel de tensión laboral” a aquellas tareas de mayor responsabilidad, capacidad de decisión y exigencia.
En el caso de las mujeres, el elemento vinculado a su desempeño laboral que podía ligarse con la propensión a desarrollar depresión fue la falta de autoridad para decidir. Aunque aun no queda clara cual podría ser la diferencia observada entre los trabajadores del sexo masculino y femenino, se presume que puede ser la diversa naturaleza de las tareas que ambos llevan a cabo. No obstante, existen semejanzas entre ambos sexos al considerar el papel que cumple la falta de apoyo entre supervisores, jefes y compañeros de tareas. Esta circunstancia se asoció con depresión tanto en varones como en mujeres.
En la actualidad, no resulta tan sencillo establecer cuáles son las ocupaciones, tareas o circunstancias relacionadas con el origen del estrés laboral. Las condiciones de trabajo, las mayores exigencias cotidianas y factores económicos diversos distribuyen los altos niveles de estrés en un sector muy amplio de la población económicamente activa.
De todos modos, y como ya lo vienen observando las áreas de personal de diversas empresas, ciertos condicionantes laborales favorecen mucho la presencia de depresión entre sus empleados, con las consecuentes repercusiones sobre el ausentismo, rendimiento, etc.
Estas investigaciones deberían inducirnos a la reflexión acerca de cómo influye el ámbito laboral sobre nuestros estados anímicos y bienestar psicoemocional, y poner en la balanza las conveniencias y los perjuicios de continuar con determinadas tareas.
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