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Según reciente estudio, Suplementos vitamínicos y minerales no tienen ningún efecto

Los suplementos vitamínicos y minerales no afectan la salud de una persona ni para bien ni para mal, según reveló un estudio de cinco años.

Foto: Pixabay

Los investigadores se sorprendieron con los resultados de este estudio: ellos esperaban encontrar al menos algún indicio de que esos tratamientos de pastillas o comprimidos de vitaminas y minerales eran beneficiosos para la salud.

Según una compleja investigación que se realizó entre 2012 y 2017, los suplementos más consumidos, vitamina C, vitamina D, calcio y multivitamínicos, no hicieron nada para prevenir ataques cardíacos, derrames cerebrales, enfermedades cardiovasculares o incluso la muerte.

“Nos sorprendió encontrar tan pocos efectos positivos por parte de los suplementos más comunes que las personas consumen”, dijo el doctor David Jenkins, autor principal del estudio, en un comunicado. “Nuestra investigación encontró que si deseas usar multivitaminas, vitamina D, calcio o vitamina C, estas no hacen daño, pero tampoco hay ninguna ventaja aparente”, agregó.

El estudio, publicado en el Journal of the Amercian College of Cardiology, demostró un beneficio relativamente pequeño en tomar ácido fólico y vitaminas B (reduciendo el riesgo de enfermedades cardiovasculares y muerte), e incluso notaron un ligero riesgo al mezclar antioxidantes y niacina, que disminuye el colesterol pero puede elevar los niveles de azúcar en la sangre.

No hubo evidencia de que las vitaminas C y D, el calcio y el betacaroteno en comprimidos hicieran alguna diferencia para reducir el riesgo de enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular o influenciar la longevidad, concluyó el estudio.
¿Qué significa todo esto para la salud?

Los autores del estudio quieren enfatizar algo interesante: el tratamiento de las deficiencias de micronutrientes es uno de los mayores logros de la medicina en los últimos 200 años. Sin embargo, se ha hecho creer a las personas que se pueden tomar como tratamientos preventivos, sin evidencia para respaldar eso, y se han vuelto cada vez más comunes las promesas de las marcas de mejoras a la salud general y longevidad, algo que -de nuevo- no tiene sustento científico.

La conclusión es que no hay atajos para tener una vida saludable más que tener una dieta correcta y actividad física suficiente. Toma suplementos para cualquier deficiencia de micronutrientes que tenga según las recomendaciones de tu médico, pero si alguien te vende los beneficios integrales de las vitaminas que ya son fácilmente accesibles, es más probable que tengan un mayor interés en tu bolsillo que en tu salud.

Cuánto ejercicio tienen que hacer los mayores para mejorar su función cognitiva

La práctica de 52 horas de ejercicio físico regular a lo largo de seis meses es suficiente para que las personas mayores experimenten una mejora de sus capacidades de pensamiento.

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El ejercicio físico, tal y como han constatado infinidad de estudios, es bueno, muy bueno para la salud. De hecho, la práctica de ejercicio no solo tiene beneficios sobre un sinfín de enfermedades como las cardiovasculares, la obesidad y la diabetes, sino que también previene el deterioro cognitivo asociado a la edad y, por ende, la demencia. Pero, exactamente, ¿qué cantidad de ejercicio deben realizar las personas mayores para preservar su función cognitiva, caso de la capacidad de pensamiento? ¿Y durante cuánto tiempo? Pues según un estudio dirigido por investigadores del Centro Médico Beth Israel Deaconess en Boston (EE.UU.), no es necesario ‘sudar’ demasiado. Y es que según los resultados, 52 sesiones de ejercicio de una hora de duración a lo largo de seis meses son suficientes para que las personas mayores experimenten una mejoría significativa de sus capacidades de pensamiento.

Como explica Joyce Gomes-Osman, director de esta investigación publicada en la revista «Neurology Clinical Practice», «a día de hoy contamos con evidencias muy sólidas que sugieren que la práctica regular de ejercicio puede mejorar la salud cerebral, por lo que nuestro objetivo era aplicar estos hallazgos científicos a las vidas de nuestros pacientes, sus familiares e, incluso, las nuestras. Para otras formas de tratamiento, caso de la administración de fármacos, a los pacientes se les prescriben una dosis o cantidades específicas. Así, nuestro trabajo destaca la necesidad de establecer estas cantidades específicas también en el caso del ejercicio».

Apto para todos los públicos

Para llevar a cabo su revisión o ‘metanálisis’, los autores analizaron los resultados de 98 ensayos clínicos aleatorizados llevados a cabo con la participación de 11.061 mujeres y varones con una edad promedio de 73 años, el 59% de los cuales tenía sus funciones cognitivas ‘intactas’, el 26% había sido diagnosticado de deterioro cognitivo leve, y el 15% restante padecía demencia.

Los autores se centraron en la duración, intensidad, frecuencia y cantidad del ejercicio realizado por los participantes en cada uno de los estudios. Y de acuerdo con los resultados, la práctica de al menos 52 horas de ejercicio durante un periodo de seis meses mejoró la velocidad de procesamiento –esto es, el tiempo que se requiere para completar una tarea mental– tanto en los mayores con buena salud cerebral como en aquellos con deterioro cognitivo leve. Es más; estas 52 horas semestrales también mejoró la función ejecutiva y la capacidad de pensamiento en los participantes que disfrutaban de unas funciones cognitivas intactas. Por el contrario, los mayores cuya práctica de ejercicio no alcanzó las 34 horas al cabo de seis meses no experimentaron ninguna mejoría en sus capacidades de pensamiento.
Los mayores que suman 52 horas de ejercicio físico en un periodo de seis meses experimentan una mejora de sus capacidades de pensamiento

Y llegados a este punto, ¿qué cantidad de ejercicio hay que realizar para mejorar la memoria? Pues, de haberla, no se sabe. Y es que los resultados no pudieron hallar ninguna frecuencia o cantidad de actividad física, por muy elevadas que fueran, que pudieran mejorar la capacidad de memoria.

Sea como fuere, el ejercicio regular mejora la capacidad cognitiva de los mayores. Pero, ¿qué tipo de actividad física hay que llevar a cabo para obtener este beneficio? Pues de acuerdo con los resultados, da igual. Ejercicio aeróbico –caso de pasear, correr o montar en bicicleta–, ejercicio de resistencia o, incluso, los denominados ‘ejercicios mente-cuerpo’ como el yoga o el Tai Chi. Todos son beneficiosos para la salud cerebral. Siempre que se practiquen de forma regular y sostenida.

Hay que hacer ejercicio


En definitiva, y con objeto de disfrutar de una buena salud cognitiva, debe requerirse que las personas mayores realicen ejercicio y que perseveren. Y es que el beneficio solo se obtiene con el paso de los meses, no habiéndose observado ninguna relación entre la cantidad semanal de ejercicio y una mejora de las capacidades de pensamiento.

Como refiere Joyce Gomes-Osman, «solo la duración total del ejercicio se asoció con esta mejoría. Pero nuestros resultados también ofrecen una visión más profunda. Dado que la mayoría de participantes –hasta un 58%– eran sedentarios en el momento de su inclusión en los ensayos clínicos, nuestro trabajo sugiere que la práctica de ejercicio para combatir el sedentarismo podría ser una razón para esta mejora de las capacidades del pensamiento».

Así, concluye el director de la investigación, «según nuestros hallazgos, parece que se requiere un programa de ejercicio a largo plazo para mejorar las capacidades de pensamiento. Es ciertamente interesante comprobar que incluso aquellas personas que tomaron parte en programas de ejercicio de menor intensidad también lograron este beneficio. No todo el mundo tiene la motivación o fuerza de voluntad para iniciar un programa de ejercicios de alta intensidad, pero todos podemos beneficiarnos de un plan físicamente menos exigente»

El tabaco causa cardiopatías y apoplejía

La Organización Mundial de la Salud, OMS, advierte que el uso de tabaco causa enfermedades cardíacas y apoplejía y puede causar hasta tres millones de muertes prematuras por año. La advertencia tuvo lugar el jueves, al conmemorarse el Día Mundial Sin Tabaco.

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Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte, matando a casi 18 millones de personas cada año. La Organización Mundial de la Salud atribuye unos tres millones de esas muertes al uso de tabaco y exposición al humo.

Douglas Bettcher, director de la OMS para la prevención de enfermedades no transmisibles, dice que la mayoría de las personas están al tanto que fumar aumenta el riesgo de cáncer y enfermedades pulmonares, pero estudios muestran que muchas de esas personas no están al tanto de que el uso de tabaco también genera ataques cardíacos y apoplejía.

“Hay grandes brechas en el conocimiento de los riesgos de enfermedades cardiovasculares por el uso de tabaco. Y en muchos países, esas brechas de conocimiento son muy sustanciales. El porcentaje de adultos que no creen que fumar causa apoplejía, por ejemplo, en China, es tan alto como el 73%. Para ataques cardíacos, por ejemplo, 61% de los adultos en China no están al tanto de que fumar aumenta el riesgo”.

Douglas Bettcher, director para prevención de enfermedades no transmisibles en la Organización Mundial de la Salud, OMS.

El conocimiento es poder. Y en este caso, el gerente de proyecto de la OMS Vinayak Prasad, dice que el conocimiento puede salvar vidas.

“Si los fumadores dejan de fumar, el riesgo de enfermedades cardiovasculares desaparece en 15 años. Entonces, 15 años después de dejar de fumar, el riesgo es el mismo que si nunca hubiera fumado”.

La OMS informa que el uso de tabaco disminuyó de 27% en el año 2000 a 20% en 2016. Sin embargo, indica que el fumar mata a más de siete millones de personas cada año. La agencia de la ONU dice que más de 80% de los fumadores de tabaco viven en países en desarrollo y las cifras allí están aumentando.

La OMS destaca que la prevalencia de fumar está en declive en todas las regiones del mundo excepto en el Medio Oriente y África.

Un huevo al día para reducir el riesgo de infarto e ictus

Los adultos que consumen un huevo diario tienen un riesgo un 18% inferior de morir por una enfermedad cardiovascular y hasta un 28% menor de sufrir un ictus hemorrágico
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El huevo es un alimento rico en proteínas, vitaminas –entre otras, la A, la D y la B12– y minerales –caso del fósforo y el selenio–. Tal es así que el huevo ha sido, es y será catalogado como un producto de alto valor nutricional. Pero cuidado: el huevo también es muy rico en colesterol –se estima que cada yema contiene cerca de 200 mg de este lípido–, por lo que su consumo excesivo puede poner en riesgo nuestra salud, muy especialmente nuestra salud cardiovascular. Entonces, ¿debemos limitar nuestra ingesta de huevos y, tal y como se recomendaba hasta hace un par de décadas, consumir como máximo tres o cuatro unidades a la semana? Pues según las evidencias de los estudios más recientes, no parece que sea necesario. De hecho, es muy posible que en lugar de poner en peligro la salud de nuestro sistema circulatorio, la ingesta ‘moderada’ de huevos la proteja. Y es que según un estudio dirigido por investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Pekín (China), comer un huevo al día reduce el riesgo de padecer una

Como explica Liming Li, director de esta investigación publicada en la revista «Heart», «los resultados de nuestro trabajo muestran la existencia de una asociación entre el consumo moderado de huevos, como sería ingerir hasta una unidad diaria, y una menor tasa de episodios cardiovasculares».

Uno al día

A día de hoy se han realizado infinidad de estudios para evaluar el impacto del consumo de huevos sobre la salud, sobre todo cardiovascular. No en vano, las enfermedades cardiovasculares, responsables cada año de cerca de 17,5 millones de decesos en todo el mundo, constituyen la primera causa de mortalidad global. Y según los resultados, la asociación entre la ingesta ‘moderada’ de huevos y el riesgo de padecer una de estas patologías, caso de la cardiopatía isquémica o del ictus, es nimia. Pero que esta ‘asociación’ sea mínima no quiere decir que sea completamente nula. Entonces, ¿el consumo de huevos conlleva, o no, un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular?

Para responder a esta pregunta, los autores siguieron durante un periodo promedio de 8,9 años la evolución de 416.213 adultos que, con edades comprendidas entre los 30 y los 79 años y residentes en 10 áreas geográficas de China, no habían sido diagnosticados de enfermedad cardiovascular, diabetes o cáncer y habían respondido a distintos cuestionarios sobre sus hábitos dietéticos –entre otros aspectos, sobre su consumo de huevos– con motivo de su inclusión en el estudio China Kadoorie Biobank (CKB) entre 2004 y 2008.
El estudio muestra una asociación entre el consumo moderado de huevos y una menor tasa de enfermedades cardiovasculares

Concluido el seguimiento, se registraron 83.977 diagnósticos de enfermedad cardiovascular, 5.103 episodios cardiovasculares mayores y hasta un total de 9.985 decesos por causa cardiovascular. Y de acuerdo con los resultados, las personas que comían un huevo cada día –hasta un 13,1% de los participantes, con un consumo promedio de 0,76 huevos/día– tuvieron, frente a aquellas que no lo hacían nunca o muy de vez en cuando –el 9,1%, siendo la media de consumo de solo 0,29 huevos/día– tuvieron un menor riesgo de enfermedad cardiovascular.

Concretamente, y comparados frente a los que rara vez comían huevos, los consumidores ‘diarios’ –o más bien, ‘casi diarios’– presentaron un riesgo hasta un 26% inferior de ictus hemorrágico –el tipo más común de accidente cerebrovascular en China, con una incidencia muy, pero que muy superior a la de los países occidentales–, una probabilidad un 28% menor de fallecer por un ictus hemorrágico, y un riesgo un 18% inferior de morir por una enfermedad cardiovascular.

Efecto cardioprotector


Es más; los resultados también mostraron que los consumidores ‘diarios’ presentaron una reducción de un 12% en su riesgo de desarrollar cardiopatía isquémica. Un aspecto muy a tener en cuenta dado que esta enfermedad cardiovascular supone la principal causa de muerte prematura en los países occidentales.

Como concluyen los autores, «nuestros resultados contribuyen a las evidencias científicas sobre las pautas dietéticas a seguir respecto al consumo de huevos para la población adulta sana».