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Chicos obesos tienen más riesgo de sufrir del corazón en la adultez

El hecho de tener sobrepeso de niño aumenta significativamente el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas en la adultez, a partir de los 25 años. Esta es la conclusión a la que llega un nuevo y exhaustivo estudio que representa la evidencia más contundente hasta el momento de que la epidemia de obesidad está dando lugar a la aparición de toda una generación proclive a sufrir graves problemas de salud.

Este estudio, que abarcó a más de 276.000 chicos daneses, descubrió que quienes tenían sobrepeso entre los 7 y los 13 años, tenían muchas más posibilidades de sufrir dolencias cardíacas entre los 25 y los 71, aun aquellos que eran nada más que un poco regordetes e independientemente de si adelgazaban al crecer.

"Esto es sumamente importante", observó Jennifer Baker, del Instituto de Medicina Preventiva de Copenhague, que lideró la investigación que apareció publicada ayer en el New England Journal of Medicine. "Este es el primer estudio que muestra de manera convincente que el exceso de peso en la niñez está asociado con enfermedades cardíacas en la madurez o con algún problema de salud importante".

El estudio se publicó conjuntamente con un análisis de estadísticas de salud de los Estados Unidos, que adelanta que la obesidad en adolescentes hará aumentar la cantidad nacional de enfermedades del corazón un 16 por ciento, por lo menos, para 2035, con lo que habrá 100 mil casos nuevos.

"La epidemia de obesidad infantil no es un problema meramente estético. Puede tener consecuencias profundas, de largo plazo, incluidas la muerte y enfermedades en la edad adulta"

observó David Ludwig, de la Facultad de Medicina de Harvard.

La proporción de chicos estadounidenses que tienen sobrepeso se triplicò desde 1976 y hoy llega a un total de 9 millones. El marcado aumento hizo que haya también muchos más chicos con diabetes tipo 2, que solía ser conocida como "la de los adultos".

Ludwig comparó a la epidemia de obesidad infantil con la amenaza del calentamiento global. Dijo que aunque recién ahora surgen pruebas contundentes sobre las consecuencias de esta amenaza, la sociedad debiera actuar con mayor agresividad para contrarrestar la tendencia.
Clarín - Buenos Aires 7/12/2007

La actividad fisica y el corazon

Es un hecho bien conocido que el sedentarismo es uno de los factores de riesgo para padecer enfermedades cardiovasculares. Afortunadamente, se trata de un factor modificable, pues el aumento de la actividad física reduce significativamente el riesgo cardiovascular.

Existen varios mecanismos por los cuales el sedentarismo aumenta el riesgo cardiovascular: reduce el gasto de calorías contribuyendo a la obesidad, a la alteración de los niveles de lípidos en sangre y al aumento de la resistencia a la insulina (que puede determinar el desarrollo de diabetes). Por el contrario, el aumento de la actividad física disminuye la resistencia a la insulina, los triglicéridos y el colesterol LDL (colesterol malo), con aumento del colesterol HDL (colesterol bueno) y disminución del riesgo cardiovascular. Además, el ejercicio aeróbico en particular disminuye la frecuencia cardíaca y la presión arterial en reposo, lo que determina una reducción del trabajo del corazón.
Como es lógico, el nivel de actividad física deberá relacionarse con la capacidad de cada individuo, pues si bien el sedentarismo no es saludable tampoco lo es –y puede ser peligroso– realizar ejercicios por encima de las propias posibilidades. Será el médico quien indique el tipo de ejercicio, su intensidad, frecuencia y duración, de acuerdo con las preferencias del paciente, su edad y las eventuales patologías que presente.
Se ha comprobado fehacientemente que hay una relación inversa entre la actividad física y el primer infarto. Las poblaciones que realizan poca actividad física tienen expectativa de vida más corta en comparación con las más entrenadas.
La actividad física es una herramienta fundamental, accesible y económica que puede utilizarse tanto en cardiópatas como en la población general para mejorar y recuperar la capacidad física y preservar la salud cardiovascular. Esto es aplicable tanto en la prevención primaria (la que se realiza antes de diagnosticar una enfermedad) como en la prevención secundaria (la que debe ponerse en práctica después de haber sufrido un episodio, por ejemplo un infarto).
Algunas de las recomendaciones son:

* Caminar con paso ligero (unos 5 km/hora) durante 30-45 minutos
* Nadar durante 20 minutos.
* Andar en bicicleta a unos 16 km/hora durante 30 minutos.

Si no se dispone de tiempo para un plan de entrenamiento pueden realizarse pequeños cambios en la rutina diaria que impliquen mayor movimiento y alejen el sedentarismo, como ser estacionar el auto lejos del lugar al que se quiere ir, subir las escaleras en vez de utilizar el ascensor, caminar en lugar de usar el auto o el colectivo, elegir el camino más largo para llegar a un lugar determinado, ejercitarse mientras se ve la televisión, bailar mientras se realizan las tareas del hogar.

En síntesis, toda actividad que implique movimiento será más beneficiosa que la quietud.

Alzheimer: Las actividades diarias y la prevencion.

Una afección como la enfermedad de Alzheimer preocupa a investigadores y público general de todo el mundo. La razón de ello radica en que a medida que las poblaciones crecen en edad, es decir, aumenta la expectativa de vida, se incrementan los riesgos de que un individuo desarrolle esta forma de demencia.

Por supuesto, la edad avanzada no es el único e inevitable factor de riesgo. En efecto, variantes genéticas, antecedentes familiares y nivel de educación constituyen otras condiciones que pueden aportar al mayor o menor riesgo de presentar esta forma de demencia.

Pero más allá de las causas y los orígenes, los especialistas y epidemiólogos de todo el mundo continúan en la búsqueda de elementos que sirvan para prevenir su desarrollo.
En este sentido, resultan más que auspiciosos los resultados de la investigación liderada por la Dra. Constatine G. Lyktsos, de la prestigiosa Johns Hopkins University School of Medicine (EE.UU.). En ella se constató que permanecer activo se asocia con un menor riesgo de desarrollar demencia, incluyendo la enfermedad de Alzheimer. Para ser más precisos, lo que realmente reduce el riesgo no parece ser la cantidad de actividad sino el modo en el que una persona se involucra en esa actividad.

La clave consiste, aparentemente, en practicar actividades tan diversas como jardinería, canto y caminatas. La realización habitual de una amplia variedad de quehaceres, (aparentemente, más variedad, es mejor) reduce notoriamente el riesgo de desarrollar Alzheimer.

El estudio que les permitió arribar a estas conclusiones se llevó a cabo sobre más de 3.300 personas, mayores de 65 años, en quienes se estudió la práctica o no de actividades en diversas disciplinas (artísticas, deportivas, de esparcimiento, etc.). A lo largo de un seguimiento de 6 meses, se diagnosticó demencia en el 14% de los participantes. Pero lo más interesante es la información surgida de la comparación de los diversos grupos. En efecto, aquellos que se desenvolvían en 2 o 3 actividades diferentes tuvieron un 10% menos de riesgo de demencias y aquellos que tomaban parte de 4 diversas disciplinas o prácticas, veían reducido su riesgo de demencia en cerca del 40%, siempre en relación con aquellos individuos que hacían una sola actividad o no efectuaban ninguna.

Respecto a las explicaciones de estos hallazgos, publicados en la reconocida revista médica American Journal of Epidemiology, existen un sinnúmero de evidencias que sostienen la ayuda que la actividad física proporciona a la memoria y las funciones cerebrales. Además, pueden citarse algunas hipótesis entre las cuales se incluyen:

  • Aumento de las conexiones neuronales en el cerebro o liberación de hormonas que activan la creación de células nerviosas.
  • Reducción de los factores de riesgo cardiovasculares, como la hipertensión arterial y el colesterol sanguíneo elevado, que potencialmente pueden alterar la irrigación cerebral.
  • Vinculación con un ambiente social más variado y rico, producto de las diferentes afinidades que reúnen a personas con gustos o habilidades en común.

En síntesis, ni la jubilación ni el calendario deben ser un obstáculo para vivir una vida plena en diversas áreas. La inclusión en disciplinas, pasatiempos o expresiones artísticas (tal vez postergadas en los momentos en los que responsabilidades familiares y exigencias laborales eran prioritarias), de libre elección y sin demandas desproporcionadas, constituye también un excelente recurso preventivo frente al Alzheimer y otros trastornos de las funciones cerebrales.

El Corazon y los vegetales

Cuando pensamos en los beneficios de comer hortalizas, verduras en general y frutas, surge la idea de lograr un buen funcionamiento intestinal, reducir el ingreso de calorías, incorporar muchas de las vitaminas necesarias y hasta de mejorar nuestra piel. A esta lista de ventajas que brindan los llamados “frutos de la tierra” debemos sumar uno más: la protección del corazón.

En la actualidad, se han publicado numerosos trabajos al respecto, pero uno de los que podemos mencionar por el número de personas que han sido estudiadas es el denominado CARDIO 2000. Esta investigación consiste en un estudio de los que se llaman “casos y controles”, que son los que analizan qué sucede, respecto de una circunstancia particular, en un grupo de personas que adoptan un determinado medicamento o conducta y en otro que no lo hace.

En el caso de CARDIO 2000, se trata de una investigación practicada por un grupo de expertos de la Universidad de Atenas (Grecia) y la Georgetown University, de Washington (EE.UU.), que analizaron los efectos del consumo de frutas y verduras sobre el riesgo de enfermedades coronarias, en pacientes con enfermedad cardíaca.

Se incluyó a un total de 700 varones, con edades de entre 48 y 68 años, y 148 mujeres, que tenían entre 56 y 64 años. Se trataba de individuos que se internaban en clínicas cardiológicas de diversas regiones de Grecia, por padecer el primer episodio coronario. Por otro lado, se estudió a 1078 personas asistidas en la misma institución, de igual edad y sexo pero sin ninguna sospecha de coronariopatía. En todos ellos (cardiópatas y no cardiópatas) se indagó el consumo de este grupo de alimentos, mediante interrogatorios especialmente diseñados.

Los resultados fueron claros: los beneficios de consumir frutas y verduras eran proporcionales al número de porciones consumidas. En efecto, aquellos que consumían 5 o más porciones diarias tenían una reducción del riesgo coronario de un 72%, comparado con el que presentaban los que comían menos de 1 porción diaria. La frecuencia semanal del consumo de vegetales también mostró una tendencia semejante. Es decir, quienes ingerían más de 3 porciones de vegetales por semana tenían un 70% menos de riesgo de experimentar episodios de isquemia cardíaca que los que directamente no comían este tipo de alimentos. A través de sus análisis, los investigadores establecieron que por cada pieza de frutas consumida en el día, el riesgo coronario descendía un 10%.

Los números son más que elocuentes. Mucho se enfatiza en la actualidad sobre los beneficios del consumo de frutas y verduras (pensemos, por ejemplo, en la campaña publicitaria ”5 o más”) y resultados como los de este trabajo parecen reafirmar el sentido de esta recomendación.

Además, si logramos erradicar la idea de nuestra mente de que verduras y frutas son sólo “alimentos saludables” descubriremos un universo de sabores, colores y aromas que transformarán la alimentación cotidiana en un objeto tan placentero como el que se imagina frente a un plato de pastas o un sabroso asado a las brasas. Por otra parte, incluso en el ejemplo anterior, podemos encontrar la ocasión de incorporar vegetales y frutas, como una sabrosa ensalada mixta o como un complemento de nuestras pastas preferidas, en base a vegetales rehogados o al vapor.

Recuerde estos hallazgos, a la hora de planificar su menú semanal.