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El pescado hervido o asado es el que aporta más omega 3


Los beneficios de los ácidos grasos omega 3 presentes en el pescado aumentan si éste se consume asado o hervido, en vez de frito, salteado o seco, y aún pueden ser mayores si se utiliza salsa de soja baja en sodio o tofu, según un estudio de la Universidad de Hawaii en Manoa. Los resultados del estudio se han hecho públicos durante la reunión anual de la Asociación Americana del Corazón que se celebra en Orlando (Estados Unidos).


Según explica Lixin Meng, director del estudio, "parece que hervir o asar el pescado con salsa de soja baja en sodio y tofu es beneficioso, mientras que comerlo frito, salteado o seco no". En realidad, el investigador plantea que estos métodos de preparación podrían contribuir al riesgo. "No comparamos de forma directa el pescado hervido o asado frente al frito, pero se puede decir de los riesgos, que hervido o asado es la vía protectora pero no el pescado frito", añade Meng.

Los descubrimientos también sugieren que los beneficios cardioprotectores varían por género y etnia, quizás debido a los métodos de preparación, la susceptibilidad genética o los factores hormonales. Muchos estudios han sugerido que comer ácidos grasos omega 3 reduce el riesgo de enfermedad cardiaca, sin embargo, se sabe poco sobre qué fuente es la más beneficiosa.

Los investigadores examinaron la fuente, tipo, cantidad y frecuencia del consumo en la dieta de omega-3 entre grupos por género y etnia. Los participantes formaban parte de una Cohorte Multiétnica que vivía en Hawai y el condado de Los Ángeles cuando fueron reclutados entre 1993 y 1996. El grupo lo integraban 82.243 hombres y 103.884 mujeres con ascendencia afroamericana, caucasiana, japonesa, hawaiana y latina con edades entre los 45 y los 75 años y sin antecedentes de enfermedad cardiaca.

Los investigadores dividieron su consumo de latas de atún y otros pescados, excluyendo moluscos o productos de soja que contuvieran omega-3 en quintiles, cuartiles o tertiles según fuera aplicable. Los autores también preguntaron sobre los métodos de preparación: crudo, asado, hervido, frito, salteado o seco. Los que se encontraban en el quintil más alto consumían una media de 3,3 gramos de ácidos grasos omega 3 al día y los del quintil más bajo una media de 0,8 gramos.

El consumo de omega-3 se asoció de forma inversa con el riesgo global de muerte por enfermedad cardiaca en hombres, una tendencia observada sobre todo en caucásicos, japoneses y latinos. Sin embargo, los investigadores señalan que no existían muchos negros o hawaianos en el estudio, por lo que los resultados deberían interpretarse con precaución.

"Claramente, estamos viendo que a mayor consumo en la dieta de omega-3 menor es el riesgo de morir por enfermedad cardiaca entre los hombres", afirma Meng. En el caso de las mujeres, el efecto del omega-3 era cardioprotector según cada nivel de consumo pero no de forma significativa, añade el investigador. El pescado salteado y seco era un factor de riesgo en las mujeres.

En contraste, añadir menos de 1,1 gramos al día de salsa de soja y salsa teriyaki a la cena protegía a los hombres pero no si se tomaba más de esta cantidad. Para las mujeres, el uso de la salsa de soja mostraba una clara relación inversa en relación a la mortalidad por enfermedad cardiaca. Los investigadores señalan que la salsa de soja alta en sodio puede elevar la presión sanguínea, por lo que recomiendan los bajos niveles de este componente. El consumo de tofu también tenía un efecto cardioprotector en todos los grupos étnicos.

"Mi duda es si en el caso de las mujeres tomar omega-3 procedente de la salsa de soja y el tofu que contiene otros ingredientes activos como los fitoestrógenos podría tener un mayor efecto cardioprotector que comer sólo omega-3", concluye Meng, que señala que serán necesarios futuros estudios para confirmar esta hipótesis.

Muchos carbohidratos y poca grasa, dieta de la felicidad

Investigadores australianos indicaron que consumir una dieta con niveles altos de carbohidratos y bajos en grasa ayuda a las personas a perder peso y también las hace sentir más felices que una alimentación con menos hidratos de carbono pero más carne y lácteos.

El estudio se basó en 106 adultos obesos o con sobrepeso que vivían en Australia, tenían entre 24 y 64 años y que realizaron una de dos dietas durante un año: una con poca grasa y muchos carbohidratos (pan, pasta, arroz) u otra con pocos hidratos de carbono y mucha grasa, con más carne y lácteos.

Los investigadores de varias instituciones australianas hallaron que las personas a dieta perdían un promedio de 13,7 kilos, sin diferencia significativa entre ambos grupos.

Pero, después de un año, las personas que siguieron la dieta elevada en carbohidratos y baja en grasa estaban menos enojados, deprimidos y confundidos que los que comían más carne y productos lácteos.

"Tras un año, hubo un efecto favorable de la dieta restringida en energía (baja en grasa) comparado con la isocalórica (baja en carbohidratos) sobre el estado de ánimo de los individuos con sobrepeso u obesidad", indicaron los expertos en la revista Archives of Internal Medicine.

El equipo manifestó que ambas cohortes estaban menos enojadas, deprimidas y confundidas después de ocho semanas de dieta, pero añadió que en el curso de un año, aquellos que comían poca grasa mantenían el buen humor, mientras que quienes comían pocos carbohidratos regresaban a su estado previo.

Los investigadores dijeron que ambas dietas seguidas por 12 meses tenían efectos similares sobre la memoria, que mejoró tras ese lapso, aunque la velocidad de procesamiento mental se mantuvo prácticamente sin cambios.

Los resultados de la investigación, según el equipo, son consistentes con los de estudios epidemiológicos que muestran que la alimentación elevada en hidratos de carbono y baja en grasa y proteína se asocia con menores niveles de ansiedad y depresión y tiene efectos beneficiosos sobre el bienestar psicológico.

Médicos advierten: Hipertensos corren más riesgo por el calor

En la población sana en general son los lactantes y ancianos los más propensos a sufrir una deshidratación debido a las elevadas temperaturas. Equipos de hospitales corren peligro ante la fluctuación de energía.


Los hipertensos tienen una mayor frecuencia de crisis hipertensivas en verano debido a que su presión se eleva con el calor.
Esto lo explica el doctor Félix Ayala, director del Hospital Nacional de Itauguá, al momento de mencionar que dentro de la franja de población sana son los lactantes y ancianos quienes tienen una mayor probabilidad de deshidratarse o sufrir una hipertermia (temperatura corporal mayor a los 41°C).
Sostuvo, sin embargo, que la población entera debe evitar el acaloramiento buscando lugares frescos donde refugiarse. Mencionó que la deshidratación por el sudor es rápida e importante, y que la misma debe ser paliada con la ingesta de mucha agua.
El Instituto Nacional de Prevención Cardiovascular (Incard) por otro lado advirtió que la oleada de calor será muy peligrosa para los hipertensos, por lo que recomendó que esa población mantenga una buena alimentación, control periódico y ejercicios físicos.

EQUIPOS EN RIESGO.

De la mano con el calor llegan los problemas de suministro de energía. No son solo los hogares los que sufren esta realidad, sino también los hospitales.
"Cualquier equipo biomédico que sufra fluctuaciones importantes en la provisión de energía puede ser dañado. Eso sin embargo no sucedió hasta el momento. Ante el corte de luz los generadores comienzan a funcionar de forma instantánea. Todos los hospitales cuentan con estos aparatos", sostuvo el doctor Diego Gamarra, director de Servicios de Salud de la cartera sanitaria.
El doctor Ayala por otro lado mencionó que el Nacional hasta el momento no sufrió ningún problema por los frecuentes apagones de electricidad, pero mencionó también el riesgo de los equipos.
"Las caídas de tensión podrían afectar a las máquinas. Cuando hay un corte entran a accionar los generadores, pero ante las caídas de energía no hay ningún apoyo", sostuvo.

La hipertensión y el aceite de oliva.


La grasa de las aceitunas actúa sobre la membrana de los glóbulos rojos

Los científicos han dado un paso más para afianzar con datos los beneficios del aceite de oliva virgen como componente de la dieta mediterránea. Un equipo dirigido por Valentina Ruiz Gutiérrez (del CSIC) ha descrito los mecanismos moleculares que explican por qué la dieta enriquecida con aceite de oliva virgen es capaz de reducir la presión arterial en pacientes hipertensos. El trabajo ha demostrado, explica el CSIC en un comunicado, que esta grasa comestible es capaz de modificar hacia la normalidad la estructura y composición lipídica de la membrana de los eritrocitos o glóbulos rojos, alterada en estos pacientes. El estudio fue realizado en 36 pacientes, después de un año de intervención en su alimentación con dieta mediterránea.Tras la intervención dietética, se apreció también un descenso en el contenido de colesterol en los eritrocitos de los pacientes estudiados, así como un incremento en algunos fosfolípidos de la membrana. Esta reestructuración de las propiedades físicas y químicas de la membrana de los eritrocitos fue observada mediante difracción de rayos X, en el Hasylab de Hamburgo, Alemania. "Estos datos sugieren que la dieta de estilo mediterráneo modifica la estructura de las membranas y afecta al metabolismo de las grasas, que está muy alterado en pacientes con hipertensión", explica Ruiz Gutiérrez en el comunicado. Los pacientes fueron reclutados para el proyecto PREDIMED, una iniciativa que pretende demostrar el papel de la dieta mediterránea en la prevención primaria de la enfermedad cardiovascular, en la que participan 7.300 pacientes. Este proyecto aportó en el año 2006 las primeras evidencias científicas de que la dieta mediterránea reduce los factores de riesgo cardiovascular. El estudio, en el que participan investigadores del Instituto de la Grasa (CSIC) y de la Universidad de las Islas Baleares, junto con grupos de Sevilla, Málaga y Barcelona, se publica en el último número de la revista Hypertension.

La artritis es peligrosa para el corazón

Problemas articulares, ése quizás sea el lado más conocido de enfermedades reumáticas como la artritis reumatoidea, la artritis psoriásica o la espondilitis anquilosante. Sin embargo, cada vez es mayor el cúmulo de evidencias que demuestra que estas afecciones autoinmunes, en las que las defensas del organismo se vuelven contra los tejidos que conforman las articulaciones, también afectan al corazón.

"Empezamos a encontrar evidencias que demuestran que pacientes con estos procesos desarrollan eventos cardiovasculares con mayor frecuencia que la población normal. En artritis reumatoidea, por ejemplo, los estudios han demostrado que el riesgo de desarrollar un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular (ACV) es de aproximadamente el doble", dijo a La Nacion el doctor Miguel Angel González-Gay, del Servicio de Reumatología del Hospital Xeral Calde de Lugo, España.

De visita en la Argentina, para participar del 42° Congreso Argentino de Reumatología, este reumatólogo español presentó los resultados de recientes estudios que alertan sobre el riesgo cardiovascular asociado a las enfermedades reumáticas autoinmunes, que señalan la necesidad de tratar no sólo esas afecciones, sino también los factores de riesgo cardiovascular de estos pacientes.

González-Gay explicó que, independientemente de los factores de riesgo clásicos ?hipertensión, colesterol elevado, sobrepeso, sedentarismo, glucosa elevada en sangre? que pueda presentar el paciente, "la presencia de un fenómeno inflamatorio persistente y sostenido, como el que se asocia a las enfermedades reumáticas autoinmunes, acelera la aterosclerosis".

Tan sólo la artritis reumatoidea (ver ilustración) afecta a aproximadamente el 1% de los argentinos.

Como la diabetes

"Hoy está bien establecido que el riesgo cardiovascular de una persona con artritis reumatoidea es igual al de un paciente con diabetes tipo II", afirmó González-Gay. De ahí su consejo de que los médicos reumatólogos estén atentos no sólo a cómo la enfermedad afecta las articulaciones, sino también a eventuales signos del avance de la enfermedad cardiovascular.

Así, los niveles de presión arterial, de colesterol, de glucosa en sangre, pero también si el paciente fuma, si es sedentario o si está excedido de peso deben ser aspectos por discutir y evaluar en la consulta periódica con el reumatólogo, ya que todos ellos inciden sobre la salud cardiovascular.

Existen, además, métodos diagnósticos específicos que han demostrado ser efectivos para el seguimiento cardiovascular de estos pacientes. "Uno de los más comúnmente usados es el estudio ultrasonográfico de la arteria carótida, que permite establecer el riesgo de desarrollar eventos cardíacos, como el infarto", señaló el reumatólogo.

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