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Cómo prevenir enfermedades crónicas con alimentación saludable y actividad física

Las enfermedades crónicas como: infartos, el cáncer, las afecciones respiratorias y la diabetes, pueden ser prevenidas con una alimentación saludable y la realización de actividades físicas. Asimismo, la inclusión de frutas y verduras a la dieta diaria ayudan a mantener el organismo en buenas condiciones. Así lo informó el ministerio de Salud Pública y Bienestar Social.

Comer de manera saludable acompañado del hábito de correr, caminar o la realización de actividad física aporta beneficios a la salud y a la calidad de vida.

Las enfermedades crónicas como: los infartos, el cáncer, las enfermedades respiratorias y la diabetes, pueden ser prevenidas mediante una alimentación saludable y la realización de actividades físicas. Asimismo, la inclusión de al menos 5 verduras o frutas a la dieta diaria aportan beneficios a la salud y la calidad de vida, según informó el ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, este domingo.

Las enfermedades crónicas son las principales causas de mortalidad en el mundo, siendo responsables del 63% de las muertes, según la Organzación Munidal de la Salud (OMS). En ese sentido, comer de manera saludable, incluir a la rutina el hábito de correr o caminar, o la realización de cualquier actividad física, aporta beneficios a la salud que puede prevenir el padecimiento de las mencionadas enfermedades.

En ese sentido, el Min. de Salud recalca la importancia de incluir en la alimentación diaria porciones de frutas o verduras, alimentos por excelencia, que se encuentran disponibles en cualquier estación del año. El consumo de estos alimentos aporta al cuerpo fibras, agua, vitaminas y los minerales que necesita para llevar a cabo sus funciones correctamente.


Asimismo, se debe optar, en lo posible, por alimentos frescos que no sean procesados. os alimentos naturales contribuyen a prevenir enfermedades crónicas entre ellas, las coronarias, metabólicas como la diabetes, el desarrollo de hipertensión arterial, aumento del colesterol y triglicérido, y hasta algunos tipos de cánceres.

En primer lugar, se debe en lo posible, optar por alimentos frescos que no sean procesados. Se recomienda esto debido a que los alimentos naturales contribuyen a la prevención del desarrollo de hipertensión arterial, aumento del colesterol y triglicérido.

Receta saludable
Compartimos una de las opciones del recetario saludable de Ministerio de Salud Pública.

En la oportunidad “Fajitas de Pollo”, para el que se necesita: 8 discos de pan árabe, 400g de pechuga de pollo, 1 morrón rojo, 1 morrón verde, 2 tomates, 1 cebolla, 1 diente de ajo, 150g queso Paraguay y sal en poca cantidad.

Para la preparación cortar el pollo, la cebolla y morrones en tiras finas a la juliana. Rehogar en una sartén con margarina no trans, agregar la pizca de sal y los condimentos. Luego de pasados los 15 minutos, agregar los tomates pelados, sin pepitas y picados muy finos.

Seguidamente añadir las verduras, rehogando un par de minutos a fuego lento. Retirar del fuego y añadir el queso, que se fundirá con el calor del resto de los alimentos.

Por último, rellenar las tortillas con esta mezcla y doblar para que no se salga, colocar en una bandeja de horno y dar un golpe de calor a 180 grados.

ABC

Hay menos alergias alimentarias de las que nos creemos

Cada vez se dan más alergias alimentarias. En Estados Unidos, un país donde existen registros bien documentados de los casos, uno de cada diez adultos es alérgico a algún alimento. Y sin embargo, tal y como demuestra un estudio reciente, la cantidad de personas que cree ser alérgica es mayor de la que en realidad lo es.



 
Puede parecer un dato contradictorio, pero no lo es en absoluto. Casi la mitad de las personas que creen tener alguna alergia alimentaria en realidad no la sufre, y esto es un problema. Porque otra cuestión que se refleja en el estudio es que la gran mayoría de la población no está supervisada por un médico, y simplemente decide qué alimentos dejar de consumir.

Vayamos por partes. Lo primero que hay que aclarar es la diferencia entre una intolerancia alimenticia y una alergia. Cuando una persona es intolerante a un alimento, su cuerpo no es capaz de metabolizar – digerir y aprovechar – determinados componentes. Dependiendo de cómo sea la intolerancia, la reacción puede ir desde un pequeño malestar a una incomodidad seria. Pero en ningún caso existe riesgo para su vida.

En cambio, una alergia provoca una reacción violenta del sistema inmune, y puede desembocar en un ataque anafiláctico. Que, si no se trata adecuadamente, puede provocar la muerte. Así que conocer la diferencia es fundamental. Los alérgicos deben llevar – y saber aplicarse – una inyección de epinefrina para contrarrestar el ataque anafiláctico. Pero como la mayoría de la población no sigue indicaciones médicas, no cuentan con estas inyecciones, lo que pone sus vidas en riesgo.

Claro, que la situación contraria no es buena tampoco. Las intolerancias permiten consumir un rango de alimentos más amplio, y cuando se confunde una intolerancia con una verdadera alergia, las personas dejan de consumir alimentos y nutrientes necesarios para su bienestar y su salud. Eliminar alimentos de la dieta sin un seguimiento médico es realmente peligroso, y puede desembocar en malnutriciones aunque el paciente crea estar llevando una alimentación adecuada.

En resumen, que cualquier tipo de restricción en la dieta debe tener un buen motivo y ser supervisada por un especialista… que es lo que no se hace y deberíamos solucionar.

Mel Greaves, el científico que descubrió una forma de prevenir la leucemia infantil

Cuando era pequeño, en una España que afortunadamente ha quedado muy atrás, eran tristemente comunes los poblados de chabolas en los que malvivían varias familias de etnia gitana. 



Por aquellos años, era corriente oír cosas sobre lo listos y fuertes que se hacían los niños que vivían en aquellas precarias condiciones . “No les oirás hablar de alergias”, decían algunas personas.

Hoy ha vuelto a mi memoria aquella lamentable realidad previa a las políticas de integración, leyendo – ya veis que pequeño es el mundo – un interesante artículo en The Guardian sobre el trabajo del profesor Mel Greaves (Instituto de Investigación Oncológica de Londres), quien lleva tres décadas interesado en conocer las causas que conducen al desarrollo de la leucemia infantil. ¿Qué relación hay entre aquellos niños romanís de mi infancia y la leucemia? Tendrás que leer más para averiguarlo.

Hace años que sigo con interés los avances en el tratamiento de la leucemia infantil, especialmente desde que colaboré con la Fundación Josep Carreras. Por ello ha sido un verdadero placer conocer todo lo que hemos aprendido a lo largo de 30 años gracias al trabajo de investigadores como Mel Greaves, a quien la corona británica acaba de nombrar caballero, por lo que tal vez deba hablar de él como Lord Mel Greaves.

En The Guardian, Greaves explica que ahora son capaces de entender por qué en el Reino Unido y en otros países de su entorno, aumenta el número de casos de leucemia linfoblástica aguda infantil (LLA) en un 1% anual. La noticia es ciertamente desesperanzadora, pero hay que añadir que afortunadamente ahora se curan el 90% de los casos, todo un logro si tenemos en cuenta que en la década de 1950 este tipo de cáncer era letal.

La incidencia de la LLA está relacionada con las sociedades desarrolladas, por lo que ese 1% de crecimiento en la incidencia no se observa en economías emergentes. Esta enfermedad se produce por una secuencia de sucesos biológicos que se inician con una mutación genética que surge durante en desarrollo fetal en 1 de cada 20 embarazos. Esta mutación se da de forma accidental en el útero, no es hereditaria y no implica que los niños vayan necesariamente a desarrollar leucemia más adelante, aunque sin embargo les introduce en el grupo de riesgo.

Greaves ha observado que es necesario algo más, otro evento biológico, para que luego irrumpa la leucemia, y al parecer ese “plus” se relaciona con el sistema inmunológico. “Para que el sistema inmune de un humano funcione de forma correcta, debe enfrentarse a una infección durante el primer año de vida” afirma el recién nombrado Lord.

Sin esa confrontación contra los gérmenes, nuestro sistema inmunológico es como un arma defectuosa que no disparará correctamente cuando la necesitemos. Sin embargo, por razones obvias y loables, los padres vivimos una creciente obsesión por la higiene en torno a nuestros hijos. Tenemos toallitas antisépticas, usamos jabones antibacterianos y limpiamos el suelo de nuestros hogares con productos desinfectantes.

Además, cada vez es más común que los neonatos abandonen la lactancia natural y la sustituyan por fórmulas de farmacia. Y en cuanto a ese primer año de vida, muchos niños tienen poco o nulo contacto con otros niños debido a la reducción de la natalidad.

Si sumamos todo esto vemos que nuestros bebés apenas tienen contacto con los gérmenes. Luego, cuando finalmente el bebé se expone a una infección, puede suceder que su sistema inmunológico sobre reaccione provocando una inflamación crónica. Es esta inflamación la que hace que se liberen a la sangre unas proteínas llamadas citoquinas que son las responsables de que se produzca una segunda mutación, que da como resultado la leucemia en aquellos niños que habían experimentado la primera mutación durante su desarrollo fetal.

Yahoo

¿Se transmite el Alzhéimer?

Durante las últimas décadas el origen del Alzhéimer se ha convertido en uno de los debates científicos más apasionantes de la biología y medicina modernas. 

 

De hecho, deberíamos matizar que ni siquiera asistimos realmente a un debate sino que aún estamos en una fase de búsqueda abierta en la que todo parece apuntar a múltiples factores. No es un problema con una sola solución y todavía no sabemos qué elementos y mecanismos, genéticos o ambientales, conforman el origen de esta enfermedad.

Para enredar la madeja un poco más, esta semana la revista Nature ha publicado un editorial titulado “la teoría del Alzhéimer transmisible gana terreno” donde se hacen eco de un controvertido estudio realizado en ratones que afirma que, bajo determinadas y muy precisas circunstancias, las proteínas Beta-amiloides implicadas en el Alzhéimer pueden llegar a transmitirse.

Para comprender mejor el apasionante problema del origen del Alzhéimer y las posibles implicaciones de este nuevo estudio, contactamos con dos expertos en el tema: César Tomé, divulgador científico y experto en el campo de la neurociencia y el doctor Javier S. Burgos, Director Gerente del Instituto de Investigación Sanitaria del Hospital La Fe de Valencia.


Infografía del estudio publicado con inoculación de Beta-Amiloide a ratones doblemente mutados | imagen Silvia A. Purro, Mark A. Farrow, et al.

En primer lugar debemos reconocer que la neurociencia actual todavía no ha encontrado una respuesta contundente sobre el origen del Alzhéimer. Pero sabemos cosas importantes como que la acumulación en el cerebro de algunos compuestos, como las proteínas Beta-amiloides y las proteínas Tau, tiene implicaciones importantes en el desarrollo de la enfermedad. Pero no es tan simple porque “la mera deposición de amiloide en el cerebro no equivale a tener alzhéimer, es una condición necesaria pero no suficiente”, explica el doctor Burgos, “ni siquiera la deposición de amiloide supone directamente deterioro cognitivo”.

En los cerebros de personas con Alzhéimer se han encontrado estas acumulaciones de proteínas, sin embargo la existencia de estos depósitos no siempre desencadena automáticamente la enfermedad. El ejemplo más curioso lo encontramos en un original estudio realizado en la década de los ’80 en el conocido “estudio de las monjas”. David Snowdon, profesor de neurología en la Universidad de Kentucky realizó un análisis revelador con un grupo de 678 religiosas católicas del convento de las Hermanas de Notre Dame. En este estudio, el neurólogo encontró que muchas monjas poseían abundantes depósitos de amiloides pero no habían desarrollado la enfermedad.

Aquel estudio con monjas nos demostró que la acumulación de estas proteínas en el cerebro parece ser necesaria, pero no es suficiente para desencadenar Alzhéimer. Existe un amplio abanico de factores que pueden influir, desde una situación económica y sanitaria estable, realizar una alimentación saludable o llevar a cabo un ejercicio moderado con frecuencia.